¡Pobrecita presidenta!

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José Guadalupe Robledo Guerrero.

Como título para este comentario, utilicé la exclamación lastimosa que hace días externó el diputado local Alberto Hurtado al referirse a la defensa que tiene que hacer Claudia Sheinbaum de sus correligionarios, que siguen sin mostrar la austeridad republicana que les exige la demagogia morenista, porque no están dispuestos a ocultar su repentina riqueza malhabida. Seguramente la conmiseración que lleva implícita ¡Pobrecita presidenta! se debe a que nadie le hace caso, incluso la retan, como lo hizo el impresentable porro disfrazado de senador, Gerardo Fernández Noroña, al responder que no tiene por qué ser austero.

¡Pobrecita presidenta! es la piadosa exclamación, para la mandataria que no manda, para la encargada de la presidencia, sin ser presidenta, porque el que manda y se le sigue reconociendo como presidente, vive en La Chingada, un rancho de Palenque, Chiapas, pero eso no le causa conflicto a Claudia Sheinbaum, pues ella bien sabía lo que le esperaba como la corcholata elegida por su patrón y jefe.

Doña Claudia no ignoraba que el “abrazos no balazos” era la frase con la que AMLO justificó su alianza con los cárteles de la droga, con el crimen organizado, a quienes se le dio impunidad y se les repartió territorios, para que hicieran su santa voluntad a cambio de dinero sucio para las campañas políticas, incluyendo la aterradora participación de los criminales en favor de los candidatos de Morena. En las redes sociales del internet, la moderna Caja de Pandora, se ha dicho que esa alianza benefició a la ahora encargada presidencial en su campaña como candidata.

Por eso, y porque la alianza con los cárteles la continúo Claudia Sheinbaum, es por lo que ha entrado en un choque abierto con el gobierno de Donald Trump solo por defender a los narcopolíticos sinaloenses de Morena, pues sabe que lo que van a cantar llega hasta AMLO, por ser quien hizo ese mafioso pacto, emulando a los dictadores socialistas. Doña Claudia ha preferido defender a sus benefactores del crimen organizado, que al T-MEC que le da empleo y progreso a nuestro país.

A la ¡pobrecita presidenta! también le ha tocado defender las obras ocurrentes, faraónicas e inservibles de su antecesor y jefe, y ha tenido que ocultar la evidente corrupción con la que se construyó el Tren Maya, la refinería de Dos Bocas, el AIFA, la super farmacia, el Tren Interoceánico y otras menos relevantes, pero pletóricas de corruptelas, por eso sus verdaderos costos se encuentran reservados por “seguridad nacional”. Doña Claudia sabía todo esto, por eso no se sorprende.

¡Pobrecita presidenta! No solo sus correligionarios tiran a Lucas a Claudia Sheinbaum, también Donald Trump la ha “agarrado de su puerquito” y la ha exhibido diciendo que ella no manda en México, sino los cárteles de la droga, a quienes tiene mucho miedo, incluso el gobierno estadounidense ha pateado los extrañamientos que doña Claudia le ha enviado por el mal trato de ICE a los migrantes mexicanos.

¡Pobrecita presidenta! Pudiendo ser una buena mandataria, prefirió convertirse en la protectora de los narcopolíticos de su partido Morena y en la destructora de la democracia, la justicia, el desarrollo y crecimiento de México. ¡Pobrecita presidenta!, pero su talento, inteligencia y capacidad de mando no dan para más. Aun así, en estos momentos se encuentra empeñada en destruir la libertad de expresión que tanto ha costado defender, con el pretexto de proteger los derechos de las audiencias.

¡Pobrecita presidenta! Nunca entendió que es la presidenta de todos los mexicanos y no solo de los narcopolíticos de Morena. Tampoco ha entendido que por ella solo votaron alrededor del 35 por ciento del padrón electoral, y que del 65% restante votaron por otras opciones partidista o simplemente no votaron (los abstencionistas).

Pero no hay por qué preocuparse, Claudia Sheinbaum no entiende muchas cosas, pues su ideología socialista, su ADN europeo y su cultura judía nada tiene que ver con México y los mexicanos. El único proyecto de AMLO, la encargada y los oportunistas y corruptos de Morena es hacer de México, un país de pobres sometidos al Estado, pero “socialistas” y gobernado por ellos para siempre… ¡Pobrecitos! Estulticia, ignorancia y cinismo en su máxima expresión.

¡Pobrecita presidenta! En lugar de gobernar a México, prefirió destruir sus potencialidades y ser protectora de narcopolíticos, entre ellos el principal: Andrés Manuel López Obrador.

Política aldeana

Finalmente, no podemos regatearle a AMLO el gran esfuerzo que hizo para entrar a la historia, pues nadie puede negar que López Obrador ya está históricamente ubicado como un narcopolítico, el narcoexpresidente que hizo de México un narcoestado, pues los análisis, las crónicas y las evidencias así lo relatan. López Obrador cometió un gran error en su anhelo de entrar a la historia: difamó, enfrentó, insultó e hizo objeto de sus rencores, frustraciones y resentimientos a quienes hacen la historia. Y para su desgracia, las pensiones compravotos no son suficientes para evitar que se le coloque como el más nefasto presidente de México. Más ahora que América y el mundo libre han iniciado una batalla en contra de los regímenes populistas y dictatoriales que tanto daño le han causado a los países en donde se instauraron. Más pronto de lo que creemos, AMLO y sus corruptos seguidores serán llamados a cuentas, y sus convenencieros simpatizantes de ahora lo negarán, arguyendo una mentirosa frase: “Me equivoqué no sabía quién era el Peje”.

Preguntas huérfanas

¿Será verdad que para evitar reconocer que el asesinato de Carlos Manzo fue un crimen de Estado, “El R1” -supuesto autor intelectual del crimen- dijo que habían matado al alcalde de Uruapan, Michoacán, porque los provocaba con su resistencia civil?

¿Será cierto que a AMLO le sucede lo que a Pancho Villa, quien fue el héroe de los jodidos a quienes les dio maíz, pero no se quitó su fama de bandolero y asesino?

¿Qué justificación darán los dictadores socialistas ahora que Rusia está siendo derrotada por Ucrania?