Piedras Negras y la inundación de 1954

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Rigoberto Losoya Reyes.

El 28 de junio representa una fecha de tristes recuerdos en Piedras Negras. Los daños y perdidas humanas fueron enormes, pero dejó una de las mayores lecciones a sus habitantes, que fue levantarse y volver a empezar con la ayuda de la familia, de los amigos y de las autoridades federales. Las crónicas de la época citan que, el domingo 27 de junio de 1954, empezó a llover con intensidad sobre las cuencas tributarias del Río Bravo, la corriente del Río Diablo incrementó notablemente su cauce en la parte suroccidental de Estados Unidos y avanzó hacia la frontera con México. Expertos de los Estados Unidos al advertir el peligro tomaron la acertada decisión de prevenir la emergencia a las autoridades del Estado de Coahuila, con el secretario de Gobierno, licenciado Neftalí Dávila, quien recibió la advertencia y se informó al gobernador Román Cepeda Flores, que se encontraba en la ciudad de México. El gobernador gira instrucciones y se dispone a trasladarse inmediatamente a Piedras Negras.

Se procedió a evacuar las rancherías y las ciudades fronterizas con la colaboración de las autoridades locales y los mismos vecinos. Hubo personas que se negaron a salir de sus fincas a pesar del riesgo inminente, para cuidar sus pertenencias. Se buscaron sitios adecuados para instalar campamentos con improvisadas carpas de campaña. En Piedras Negras se ubicó en el terraplén de una loma (hoy la colonia 28 de Junio) y se instaló un transitorio hospital. En la Villa de Fuente mucha gente se instaló en carpas y casas de campaña.

Cuando comenzó a entrar el agua al primer cuadro de la ciudad, las autoridades y los vecinos todavía estaban evacuando a los habitantes en vehículos y caminando con los niños levantándolos en alto. Los gritos de las mujeres pidiendo ayuda en sus hogares, permitía entrar y sacarlos. En la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, el agua llegó hasta los escalones del altar mayor, dañando las bancas de madera. Afortunadamente los sacerdotes José Jáuregui y Cristóbal Yáñez lograron salvar los archivos y ornamentos resguardándolos en la planta alta.  

Ese día a las tres de la tarde, se efectuó la última evacuación por tren, cuando el nivel ya llegaba a media rueda. La mayoría de la gente se refugió en varios sectores de la Villa de Fuente, el campo aéreo y en un lomerío de lo que ahora es la Colonia 28 de junio. Algunas familias alcanzaron a rescatar algunos enseres de cocina y algo de ropa.  Algunas personas se refugiaron en la planta alta del edificio de la aduana, donde pasaron la noche, en la calle Emilio Carranza se observaron personas van caminando en la calle con el agua hasta la cintura y seguía subiendo rápidamente. Algunos no lograron salir de sus domicilios por diversas causas y fallecieron.

La población fue ubicada a salvo en varios sectores de las partes altas de la ciudad, no obstante, los daños causados fueron prácticamente totales. El gobernador y muchos de sus colaboradores dirigieron las labores de rescate, auxilio y atención a la gente, acompañados de las autoridades municipales y del comandante y tropa de la VI Zona Militar.

La secretaría particular del Gobernador, a las órdenes del licenciado Salvador González Lobo, sirvió de enlace entre el campamento, los diversos comités municipales de apoyo y la secretaría de Gobernación; en este caso con reportes constantes sobre el estado del operativo.

Al día siguiente de la tragedia, el martes 29 de junio, el agua inundó todo el sector del centro y colonias adyacentes como la González, Mundo Nuevo, Roma, el sector del Pocito y llegó un poco antes de la casa comercial Minerva. Las aguas descendieron a partir de las 11 de la mañana y dejó un panorama desolador, calles y viviendas llenas de lodo, el daño material fue total. Sin embargo, las autoridades y los habitantes de Piedras Negras demostraron de que estaban hechos, su coraje de seguir adelante a pesar del infortunio, pusieron manos a la obra.

El Gobierno estatal y municipal inician inmediatamente las jornadas con horarios continuos de trabajo hasta que la situación de emergencia pasó a la etapa de reconstrucción de viviendas y reorganización de la vida colectiva. La población fue declarada zona de desastre, no había agua, ni alimentos. La autoridad civil fue acuartelada y se puso en vigor la ley marcial para evitar el pillaje. Los soldados patrullaban las calles, al obscurecer el toque de queda, no había energía eléctrica y quien era sorprendido, lo llevaban al cuartel donde era interrogado y si portaba objetos ajenos quedaba detenido. Empresario, propietarios, vecinos todos, iniciaron sus labores de limpieza.

El Profesor Fausto Z. Martínez, inició los trabajos de limpieza en la escuela secundaria Benito Juárez, el agua estancada en la planta baja se retiró con bombas de agua. Las aulas y laboratorios presentan un daño mayúsculo. El personal de la Cruz Roja Mexicana de las delegaciones de Torreón, y la de Monterrey se hacen presentes y durante 10 días trabajaron intensamente brindando atención médica a los damnificados. Se estableció un puente aéreo con helicópteros, pues los dos puentes internacionales estaban dañados. Se proporcionaron tiendas de campaña de lona, cobertores, colchones y catres. La comida era repartida en camiones de redilas por sectores, la gente acudía a recibirla, llevando sus recipientes.  La empresa Peñoles de Torreón envió una pala mecánica y personal de la Sección 74, para colaborar en los trabajos de desazolve de las calles. La población de Piedras Negras logró recuperarse gracias a su gente trabajadora, honesta y de buen corazón.