Calderón, blanco matutino: las mañaneras de Sheinbaum en tiempos de crisis

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En el marco del Paquete Económico 2026, la presidenta Claudia Sheinbaum ha vuelto su mirada hacia el pasado para explicar el presente; ha señalado a Felipe Calderón como responsable directo de la crisis financiera que hoy enfrenta Petróleos Mexicanos (Pemex), acusándolo de haber generado, junto con otros gobiernos previos, una deuda “corrupta” que pone en riesgo la estabilidad financiera del Estado. Afirma que solo en intereses, esa deuda cobrará 250 mil millones de pesos el año próximo, y que durante los sexenios de Calderón y Peña Nieto Pemex aumentó su pasivo de forma considerable sin que ello se tradujera en mayores niveles de producción. En particular señala que entre los legados de Calderón está un endeudamiento irresponsable que, lejos de fortalecer la industria, provocó que se produjera menos petróleo, menos gasolina y menos diésel.

Sheinbaum además defiende que su gobierno ha logrado mejoras que otros no: un repunte en la refinación de combustibles y una mejor calificación crediticia para Pemex, gracias a maniobras financieras desde Hacienda, frente a vencimientos que de otro modo serían insostenibles. Desde su discurso en las mañaneras, considera que las declaraciones recientes de Calderón desde Estados Unidos, donde el expresidente criticó reformas judiciales mexicanas, se suman a lo que califica como “intromisión extranjera”, cuestionando la soberanía nacional. Lo acusa de pedir intervención diplomática para frenar reformas internas, lo que la mandataria tacha de “indignante”, “entreguista” y lo califica incluso de “presidente espurio”.

Este uso intensivo de las conferencias matutinas para responsabilizar directamente al expresidente Calderón obedece a una estrategia política mayor: trasladar parte de la crisis económica hacia los gobiernos pasados, identificar adversarios y reafirmar el relato de que la administración actual está reparando errores estructurales heredados. En ese sentido, las mañaneras no son solo espacios de rendición de cuentas sino escenarios clave dentro de la comunicación política, donde el Ejecutivo puede dirigir la narrativa pública sin mediaciones. Investigaciones recientes muestran que esas conferencias se han vuelto una herramienta institucionalizada para establecer agendas, confrontar críticas y moldear percepciones ciudadanas, lo que refuerza el presidencialismo y la polarización política.

El análisis político-analítico exige preguntarse cuáles son los efectos reales de esa narrativa. En lo económico, ¿cuánto de esa deuda atribuible a gobiernos anteriores ha empeorado estructuralmente la capacidad de Pemex, y cuánto depende de factores externos como precios internacionales del petróleo, la rentabilidad global del sector o la transición energética? En lo legal y ético, ¿hasta dónde puede alguien en funciones electorales o gubernamentales responsabilizar sin pruebas documentadas específicas? En lo político, ¿cómo repercutirá esta forma de discurso en la polarización social, en la legitimidad de las instituciones y en las posibilidades de diálogo plural?

Porque si bien es comprensible que un gobierno quiera mostrar que su gestión ha encontrado obstáculos heredados, también lo es que el uso sistemático de discursos que personalizan la responsabilidad —sin matices, sin debate abierto ni contrapesos bien visibles— puede erosionar la confianza democrática. En un contexto de crisis económica, alta inflación, desigualdad persistente y expectativas ciudadanas crecientes, la ciudadanía no solo busca culpables del pasado sino soluciones concretas para el presente. Que el discurso matutino apunte hacia Calderón sirve para reforzar identidades políticas, pero no sustituye políticas de largo plazo, transparencia en el manejo del pasivo, ni una rendición de cuentas creíble.

Al final lo que está en juego no es solo quién tiene la culpa de lo que se dejó atrás, sino qué tan capaz es este gobierno de reparar lo dañado, evitar repetir errores y construir una narrativa verosímil que genere confianza, no resentimiento.