Politeia para México: una reflexión desde la filosofía política de Aristóteles

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Virgilio Rafael González Guajardo.

En su obra fundamental, La Política, Aristóteles disecciona las formas de gobierno, no solo para clasificarlas, sino para comprender su esencia, su ciclo natural de degeneración y las condiciones necesarias para que un Estado logre la virtud y la estabilidad. Para Aristóteles, las formas de gobierno se dividen en dos categorías: las puras, que buscan el bien común, y las impuras o desviadas, que sirven a los intereses de los gobernantes. La monarquía, la aristocracia y la Politeia representan las formas puras, mientras que la tiranía, la oligarquía y la democracia son sus respectivas degeneraciones.

Un análisis de estas formas de gobierno, a la luz de la realidad mexicana, sugiere que la Politeia aristotélica, o república constitucional, podría ofrecer un modelo para aspirar a una gobernanza más justa y estable.

La monarquía, definida por Aristóteles como el gobierno de una sola persona que ejerce el poder en beneficio de la comunidad, es la forma más noble de gobierno. El monarca virtuoso es un guardián de la ley y un líder sabio. Sin embargo, Aristóteles advierte que la naturaleza humana es propensa a la corrupción. La monarquía, al concentrar un poder casi absoluto en una sola voluntad, fácilmente degenera en tiranía. La tiranía es el gobierno de uno solo en su propio interés. El tirano no busca el bienestar de sus súbditos, sino la perpetuación de su propio poder y riqueza, suprimiendo la libertad y la justicia.

De manera similar, la aristocracia, el gobierno de los mejores y más virtuosos, es una forma de gobierno que Aristóteles considera superior. Se basa en el mérito, donde los gobernantes son elegidos por su sabiduría, virtud y experiencia, y gobiernan en favor del bien común. Sin embargo, al igual que la monarquía, la aristocracia es frágil. Cuando los aristócratas dejan de lado la virtud y priorizan su propio beneficio económico, la aristocracia se corrompe y se convierte en oligarquía. La oligarquía es el gobierno de los pocos, que gobiernan en su propio interés, buscando acumular riqueza y poder, excluyendo a la mayoría del proceso político.

La tercera forma de gobierno pura es la Politeia, que Aristóteles considera la más viable y estable en la práctica. La Politeia es una mezcla entre la oligarquía y la democracia. Busca el equilibrio al combinar los principios de la libertad (propio de la democracia) con los de la propiedad y la ley (propios de la oligarquía). En la Politeia, el poder reside en la clase media, que es la más numerosa y la menos propensa a los excesos, tanto de la extrema riqueza como de la extrema pobreza.

La Politeia valora la moderación, el respeto a las leyes y la participación cívica de los ciudadanos. Es un gobierno constitucional donde se busca el bien común a través del respeto a la ley y la inclusión de la mayoría de los ciudadanos en la vida política. Para Aristóteles, la fortaleza de la Politeia reside precisamente en su carácter mixto y su capacidad para evitar la polarización social y política.

Las más altas virtudes de la Politeia, o forma de gobierno ideal para Aristóteles, son la justicia y la virtud cívica. Este sistema busca el bien común y la estabilidad, combinando elementos de la aristocracia (gobierno de los mejores) y la democracia (gobierno del pueblo). No es una democracia pura, sino un sistema moderado que equilibra la libertad y el orden.

Características de los gobernantes ideales

Para que un gobierno basado en los principios de la Politeia beneficie a México, las personas que lo dirijan deben poseer ciertas características. Estas no se limitan a la mera capacidad técnica, sino que se centran en la formación del carácter y el compromiso con la sociedad.

1. Virtud y Ética Personal

Los líderes deben ser individuos de gran carácter moral. Deben practicar la prudencia (phrónesis), la cual es la capacidad de tomar decisiones sabias para el bien de la comunidad. Su integridad debe ser incuestionable, sirviendo como ejemplo de rectitud y honestidad. La ética no es solo un conjunto de reglas, sino una forma de vida dedicada al bien.

2. Educación y Conocimiento Profundo

La educación de estos líderes debe ser de un nivel altísimo, abarcando no solo conocimientos técnicos y económicos, sino también las humanidades, la historia y la filosofía. Un gobernante ideal debe entender las complejidades de la sociedad y la naturaleza humana para tomar decisiones informadas y equilibradas. Una mente educada es una mente libre de prejuicios y capaz de una visión a largo plazo.

3. Justicia y Equidad

La justicia es la virtud cardinal. Los gobernantes deben actuar siempre con imparcialidad, asegurando que las leyes se apliquen de manera justa para todos. Su objetivo principal debe ser garantizar la igualdad de oportunidades y proteger los derechos de los ciudadanos más vulnerables, promoviendo una sociedad más equitativa.

4. Templanza y Moderación

Deben ser personas moderadas en sus deseos y acciones, evitando el lujo excesivo y la corrupción. La templanza les permite resistir la tentación del poder desmedido y las ganancias personales, manteniendo el foco en el servicio público. La moderación les ayuda a encontrar el «justo medio» entre los extremos.

5. Fomento del Bienestar Integral

El propósito de su gobierno debe ser crear un entorno en el que cada individuo pueda prosperar. Esto implica no solo generar oportunidades económicas para que la gente pueda crear su propia riqueza, sino también promover una cultura de alto valor para la educación y la ética. Un buen gobierno es aquel que ayuda a los ciudadanos a alcanzar su máximo potencial, tanto material como moral.

En resumen, los gobernantes deben ser filósofos en acción; personas con una profunda comprensión de la justicia y la virtud, que utilizan su conocimiento y ética para guiar a la nación hacia un estado de prosperidad y bienestar moral para todos.

Sin embargo, incluso la Politeia degenera. Su degeneración es la democracia, que, según Aristóteles, es el gobierno de la mayoría en su propio interés. La democracia, en su forma desviada, ignora la ley y la virtud, y se rige por el capricho de las masas. Aristóteles critica este tipo de gobierno porque la mayoría, sin la guía de la ley o la virtud, puede caer en la demagogia, buscando la igualdad absoluta a expensas de la excelencia individual y la justicia. El gobierno de la mayoría puede suprimir los derechos de las minorías, e imponer una tiranía de la mayoría, donde las decisiones se toman por puro número, sin una consideración de la equidad o el bien común. En este sentido, Aristóteles ve la democracia como una forma inestable de gobierno, que puede llevar al caos y la anarquía, y en última instancia, al resurgimiento de un tirano que promete orden a cambio de libertad.

En conclusión, la visión de Aristóteles nos ofrece un marco valioso para reflexionar sobre la gobernanza en México. La aspiración a una Politeia, un gobierno constitucional basado en la clase media y el respeto a la ley, podría ser una respuesta a los desafíos que enfrenta la nación. Un sistema que evite los excesos de la tiranía, la oligarquía y la demagogia, y que fomente la virtud cívica y el bien común, es un ideal al que se puede aspirar.

La clave está en buscar el equilibrio, en respetar la ley y en fomentar la participación de todos los ciudadanos en la construcción de un Estado justo. Sin embargo, en el aquí y ahora, tenemos un obstáculo de dimensiones sin parangón, gobierna el partido denominado Morena, una forma impura y desviada de administración, el cual pretende gobernar mediante la división entre mexicanos y con un objetivo muy claro hacia el empobrecimiento de los ciudadanos y basa su estrategia copiando al pie de la letra un sistema ideológico que solo ha causado la ruina total de los países en los que se ha implantado.

¿Qué tipo de ente tenemos en la silla presidencial? Tenemos ahora un tirano, un oligarca, un oclócrata. Un oclócrata es un individuo que participa o promueve la oclocracia, que se define como el gobierno de la muchedumbre o de la plebe. Es considerada una forma degenerada y corrupta de la democracia.

Características de un oclócrata:

Manipulación de las masas: Un oclócrata utiliza la demagogia para excitar y manipular las emociones y pasiones de las masas. No apela a la razón, sino al resentimiento, el miedo o la envidia.

Abandono de la razón y el debate: En lugar de buscar soluciones racionales a los problemas, el oclócrata se basa en consignas simples y populistas que apelan al instinto de las multitudes, descartando el debate informado y la deliberación.

Desprecio por las minorías: El oclócrata se enfoca en el poder numérico de la mayoría y, en lugar de proteger los derechos de todos, puede ignorar o incluso oprimir a las minorías. La «voluntad del pueblo» se convierte en la única fuente de legitimidad, sin importar si esa voluntad es justa o prudente.

Uso de la fuerza y la coacción: A menudo, el gobierno de la oclocracia se sustenta en la presión y la coacción de la multitud sobre las instituciones, lo que puede llevar a la anarquía, la violencia o la tiranía.

Corrupción de la ley: El oclócrata puede buscar debilitar las instituciones y el estado de derecho para que la ley no limite el poder de la masa que él representa, permitiendo así decisiones arbitrarias.

En la visión clásica de la política (Platón y Aristóteles), la oclocracia representa la forma más baja de gobierno, ya que ignora la virtud y la justicia en favor del poder bruto de la multitud, que es fácil de influenciar y dirigir. Es lo opuesto a la Politeia, que busca la moderación y el bien común a través de la razón y la virtud cívica.