Cuando la impunidad tropieza con la frontera: la detención de Sandra Téllez y el largo camino de la justicia en el caso ABC

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El anuncio oficial de la detención —y deportación controlada desde Estados Unidos— de Sandra Lucía Téllez Nieves, socia de la tristemente célebre Guardería ABC, reabre una herida histórica en la memoria colectiva del país. Tras permanecer prófuga desde 2022, Téllez ingresó por la garita de Nogales, Sonora, y ya fue trasladada al Centro de Reinserción Femenil de Hermosillo, donde deberá responder ante un juez por los delitos de homicidio y lesiones culposas derivados del incendio de junio de 2009 que costó la vida a 49 niñas y niños, y dejó con secuelas a más de 100 menores.

El peso simbólico de esta captura es enorme. No basta con que una pieza del rompecabezas caiga: el reto para el Estado mexicano es demostrar que la justicia puede alcanzar no solo a los actores visibles, sino también a las estructuras políticas y administrativas que permitieron la tragedia.

Aquel incendio en Hermosillo expuso de forma brutal las consecuencias letales de tolerar modelos de subrogación precarios en guarderías vinculadas al IMSS: salidas de emergencia bloqueadas, falta de medidas contra incendios, techos construidos con materiales inflamables y una supervisión omisa. En su momento, quedaron en evidencia vínculos entre los propietarios de la estancia infantil y redes políticas estatales y federales. En particular, se señaló que en la conformación de la sociedad cara a la operación de la guardería había parentescos y financiamiento afín a figuras del ámbito público.

Téllez fue sentenciada en 2016 a 28 años de prisión, pero gracias a una cadena de amparos, apelaciones y vacíos legales su condena se redujo a 5 años y 7 meses, y permaneció en la clandestinidad. Su arresto en Arizona, donde solicitó asilo político sin éxito, deriva de una ficha roja de Interpol en su contra y de gestiones que implican acción diplomática y cooperación con autoridades extranjeras.

Sin embargo, la detención de un individuo no resuelve lo estructural. La lógica de la demanda social exige ir más allá: que los funcionarios públicos que autorizaron la operación deficiente, que certificaron permisos sin supervisión rigurosa o toleraron irregularidades, sean señalados, procesados y, en su caso, sancionados. En el caso ABC han sido mencionados desde excoordinadores del sistema de estancias del IMSS hasta autoridades estatales de prevención de riesgos. Algunos ya enfrentan procesos, otros permanecen en la sombra.

El Antimonumento 49 ABC, erigido frente al IMSS en Ciudad de México, simboliza esa exigencia colectiva de verdad, reparación y no repetición. No es un monumento oficial, sino un recordatorio plástico de que las demandas de justicia no pueden quedar confinadas al olvido.

La captura de Téllez puede leerse como una victoria táctica, pero no estratégica. Si el sistema judicial sigue dependiendo de excesos de litigio, amparos o acuerdos discretos, la lógica de la impunidad será reincidente. Para que este momento marque un antes y un después, el Estado tiene la obligación de proceder con transparencia, evitar negociaciones oscuras y garantizar que todas las piezas del sistema que falló sean examinadas por la lupa pública.

Si los padres y colectivos de víctimas han exigido justicia durante 16 años, este reintegro forzado al sistema legal no se puede desvanecer en trámites burocráticos. La credibilidad del sistema de rendición de cuentas está en juego: un país que calla ante la muerte infantil por negligencia no solo viola la ley, también traiciona su noción mínima de dignidad política.

Este episodio no debe leerse en clave meramente judicial, sino como un punto de inflexión en la relación entre gobernantes y gobernados: cuando el poder tolera fallas estructurales y después permite salidas pactadas, se erosiona la confianza pública. Que este acto —la captura y regreso de Téllez— sirva no para cerrar el expediente mediático, sino para abrir todas las puertas que aún hoy se mantienen selladas en el caso ABC.

con información de: El Universal