Sheinbaum defiende vallas metálicas en Palacio Nacional como medida preventiva ante protestas

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La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, justificó este miércoles la instalación de vallas metálicas alrededor del Palacio Nacional y el Zócalo capitalino alegando que la medida no busca impedir el derecho a la manifestación, sino salvaguardar la integridad de personas, policías y el patrimonio histórico ante las movilizaciones anunciadas por la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y el colectivo autodenominado “Generación Z”. Según la mandataria, la acción responde a información sobre posibles bloqueos y la infiltración de grupos provocadores que han utilizado artefactos incendiarios en anteriores protestas.

En su conferencia matutina, Sheinbaum enfatizó que su gobierno reconoce y respeta el derecho a la libre expresión, pero subrayó que cuando existen indicios de violencia o riesgo para bienes públicos y personas se convierte en obligación tomar medidas extraordinarias. “Es mejor poner las vallas a que haya un enfrentamiento que ponga en riesgo la vida de alguna persona”, afirmó la presidenta al referirse al cerco.

Por su parte, las autoridades capitalinas han dispuesto un despliegue de policías y vallas en los accesos al Centro Histórico, desde donde se advierte que las marchas podrían llegar este jueves y viernes al recinto presidencial. Sheinbaum advirtió que algunas convocatorias son promovidas por actores que “no pertenecen” a los segmentos que dicen representar, lo que, dijo, incrementa el riesgo de infiltración y violencia.

El tema genera debate: grupos civiles y oposición consideran que la medida podría inhibir la protesta legítima y simboliza una militarización del espacio público. La presidencia, sin embargo, sostiene que es una acción puntual y preventiva, basada en la responsabilidad del Estado para proteger el monumento histórico, los ciudadanos y la plaza pública de posibles actos de violencia. En este contraste, la auténtica prueba será que la presencia de vallas y policía no termine por restringir derechos de reunión ni convertirse en un símbolo de represión, sino en un mecanismo real de protección en un contexto de alta tensión movilizadora.

con información de: El Economista