Gentrificación empuja al cierre a histórica frutería de Polanco

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redacción.

Después de más de cuatro décadas de servicio, la Frutería Pepe, uno de los comercios tradicionales de la zona de Polanco, enfrenta su cierre definitivo como consecuencia del encarecimiento inmobiliario y los procesos de gentrificación que transforman distintos barrios de la capital del país.

El establecimiento, ubicado en la calle Virgilio de la alcaldía Miguel Hidalgo, deberá desalojar el inmueble en febrero de 2026, luego de que el propietario del local notificara a la familia que el espacio será destinado a un restaurante. Esta decisión pone fin a la permanencia de un negocio atendido por varias generaciones y profundamente arraigado en la vida cotidiana del vecindario.

Sthefany Lourdes Bonifacio, actual encargada y hija del fundador, explicó que el desalojo representa la pérdida del principal sustento familiar construido por don Pepe, quien inició la frutería décadas atrás y logró mantenerla vigente frente al crecimiento de cadenas comerciales y al auge inmobiliario de la zona conocida como Polanquito.

La historia del negocio comenzó como un puesto en la calle y posteriormente operó desde una camioneta, hasta que hace 18 años consiguió establecerse en un local fijo. Tras el fallecimiento del fundador durante la pandemia de Covid-19, la frutería logró mantenerse gracias al trabajo de su hija, quien asumió la conducción del establecimiento en uno de los momentos más difíciles para el comercio local.

Aunque la familia solicitó una prórroga para poder reubicarse, únicamente obtuvo algunos meses adicionales. Las opciones dentro de la zona resultaron inviables debido a los altos costos, con rentas que alcanzan hasta 150 mil pesos mensuales, traspasos de varios millones y exigencias como contar con propiedades en la Ciudad de México o el Estado de México como aval.

De acuerdo con la encargada, la frutería y una florería vecina son de los pocos negocios de barrio que sobreviven en la calle, mientras otros comercios tradicionales han sido desplazados por franquicias y desarrollos orientados a un público de mayor poder adquisitivo. Ante la falta de alternativas, la familia exploró apoyos institucionales, pero recibió la respuesta de que no existen permisos para otorgar un espacio regulado.

Entre las opciones que se barajan se encuentra regresar a un esquema de venta ambulante o volver a operar desde una camioneta, como en sus inicios. Vecinos y clientes han expresado su apoyo para evitar la desaparición del negocio, al considerar que representa un legado comunitario más allá de su función comercial.

La historia de la Frutería Pepe refleja las tensiones que genera la gentrificación en la ciudad, donde pequeños negocios familiares enfrentan la falta de mecanismos de protección incluso cuando forman parte de la identidad barrial. Como resume su encargada, se trata de actividades que no generan grandes ganancias, pero sí sostienen economías familiares y preservan vínculos sociales.