Jesús M. Moreno Mejía.
“Lo que la escultura es para
el mármol, la educación es
para el espíritu del humano”
Joseph Addison.
Justo es reconocer la valía de aquellos hombres que han forjado a la humanidad y más aun tratándose de los niños de nuestra patria, quienes al acudir a la escuela primaria reciben sus libros de texto gratuitos, creados a iniciativa de Jaime Torres Bodet, educador, abogado, poeta y funcionario público del siglo pasado.
De contar en la actualidad con personas tan ilustres como él nuestra nación otra sería, pues dada su ardua labor literaria, pedagógica y como estacado diplomático, mucho contribuyó a que sobresaliera México como un país culto y también a pulir al hombre moderno de los años actuales.

En realidad, no es en vano considerar la vida de Torres Bodet como el paradigma de una estirpe de literatos mexicanos que contribuyeron, con su inteligencia y labor, a que el mundo literario, educativo y la función pública, destacara a niveles internacionales.
Cursó estudios en las escuelas Normal, Nacional Preparatoria y de Jurisprudencia, inscribiéndose luego en la Facultad de Altos Estudios de la Universidad de México, donde fue nombrado (1921) secretario personal de otro ilustre pedagogo y rector de esa casa de estudios, José Vasconcelos.
A partir de ahí, inició una casi ininterrumpida sucesión de cargos públicos a partir de 1922, comenzando con modesto puesto en la Secretaría de Educación Púbica, para luego continuar como secretario de la legación mexicana en Madrid y en París; en seguida como encargado de negocios en Buenos Aires y en la embajada de México en Francia y posteriormente como encargado de negocios en Bélgica (1938).
De nuevo en México, fue nombrado Secretario de Educación Pública, por el presidente Adolfo López Mateos, pero inicialmente se negó aceptar dicho cargo, a lo que el Ejecutivo Federal le contestó: “¡Cómo de que no! A la primera autoridad de la nación, nadie le dice que no.”
Torres Bodet estuvo como titular de la SEP de 1943 a 1946 y en cuyo período promovió la Campaña Nacional contra el Analfabetismo con muy buenos resultados, pues abatió considerablemente el índice de iletrados que había en el país; estableció el Comité Federal del Programa de Construcción de Escuelas y fundó el Instituto Nacional de Capacitación del Magisterio, pues había muchos maestros sin el título de profesores normalistas.
Después, a partir de 1946, ocupó importantes cargos en el Servicio Exterior, destacando en la aprobación de la Carta de la Organización de Estados Americanos (OEA) y en 1948 fue electo como director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación y la Cultura.
En 1959 fue nuevamente titular de la SEP en nuestro país, creando por vez primera el sistema de los Libros de Texto Gratuitos, creando también los primeros 30 Centros de Capacitación para el Trabajo Industrial, con lo cual daba un fuerte impulso a la formación profesional de jóvenes mexicanos.
Fue miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua; del Colegio Nacional; del Instituto de Francia y de la Academia del Mundo Latino, siendo investido como Doctor Honoris Causa por diferentes universidades, y en 1966 recibió el Premio Nacional de Letras.
No es nuestra intención mencionar toda la obra pedagógica, literaria y de servicio público de Jaime Torres Bodet, pues es muy extensa, pero deseamos dar un pormenor de su destacada vida por haber sido todo un personaje, quien con el paso del tiempo tiende a perderse en el recuerdo nacional, cundo debería estar presente en todo momento como una de las figuras más destacadas de México.
Hace año y medio, la Academia Mexicana de la Lengua le rindió un merecido homenaje a 50 años su trágica muerte, dado que fue autor de una obra literaria imponente, singular, original e irrepetible; tanto como prosista, ensayista y poeta eminente; un intelectual de intensa actividad cultural; incansable promotor de la educación en nuestro país, pero también del ideal democrático y social.
Debemos reflexionar profundamente en torno a esto último, sobre todo en los años, en los que prevalece el encono y la polarización política que nos hace olvidar la existencia de los prototipos sociales, culturales y de fomento educativo que necesitamos, pues son valores intangibles que seguramente contribuirán a superar, en buena parte, los problemas ingentes que afectan al país en nuestros días.
Ya no habrá otros hombres como él, pero podemos tomarlo como referencia en la búsqueda de nuevos horizontes para la vida nacional.
¡Hasta la próxima!



























