Jorge Arturo Estrada García.
Lo que ya ha sucedido es igual que un plato roto en mil pedazos.
Por muy esforzadamente que lo intentes, ya no podrás devolverlo a su estado original.
Haruki Murakami.
El ayer está hecho. El mañana nunca llega. El hoy está aquí.
Si no sabes qué hacer, quédate quieto y escucha.
Carl Sandburg.
El mundo se vuelve tormentoso. Los escenarios son volátiles. México está atrapado. Somos vecinos del inquieto Donald Trump. También, somos su principal socio comercial, y cuando se acercan los tiempos electorales, somos “su piñata favorita”. Simultáneamente, nuestro país se desmorona en lo económico, lo político y lo social. Los gobiernos morenistas han sido incapaces de generar crecimiento y desarrollo humano, durante siete años. El T-MEC, es el motor de progreso indispensable para nosotros desde hace 30 años, y ha llegado el momento de renegociarlo. En condiciones desventajosas tendremos que enfrentar, al empoderado, mandatario estadounidense.

En la Cuarta Transformación son expertos en maquillar cifras y recitar mentiras. La realidad los va atropellando, mientras millones de mexicanos padecen marginación, pobreza, empleos inestables, sin seguridad, sin medicinas ni sistema de salud, con educación deficiente, con el tejido social roto y con las instituciones destruidas. Así, con la democracia desmantelada, entramos a los tiempos de la Doctrina Don-Roe.
El mundo cambia, las potencias se reacomodan y rediseñan sus zonas de influencia. La Casa Blanca marca la pauta. En contraste, México se rezaga, suspira por un bloque de gobiernos latinoamericanos, tóxicos, que hundieron a sus países con sus incapacidades. Todavía intenta sentirse el líder, benefactor, de un grupito “progresista” que se desintegra. El Palacio Nacional y Macuspana aun declaman dogmas del siglo 20, cuando ya rebasamos el primer cuarto del siglo 21.
Entonces, por el bien del país, urge reconocer que todo cambió. Es evidente que el proyecto morenista, que crece como tumor en México, deberá, adaptarse a la nuevas condiciones y dinámicas. No son invulnerables. Sus personajes principales están llenos de pecados públicos. El inquieto mandatario vecino ya nos etiquetó como Narcoestado. Podrían exigirse más capturas y extradiciones, incluyendo a “peces gordos” políticos mexicanos. Trump, está alentando conflictos. Remodelando la geopolítica. Revolucionando a la diplomacia, sin diplomacia. Imponiendo su trato rudo.
Ese mandatario cumple lo que dice, cuando realmente quiere conquistar el objetivo. Ya lo ha demostrado. Su audacia supera cualquier partitura política previa. Impone aranceles a la mitad de los países del mundo e Inaugura una planta de Ford, en Michigan, la excapital automotriz global. En contraste, en México, cierran varias plantas automotrices y líneas de producción, en Aguascalientes, el Edomex y Coahuila.
Los desplantes del mandatario son cada vez más, estridentes, llaman a la rebelión en Irán. País al que ya bombardeó, el año pasado, para destruir una planta de armas nucleares. Envió una cuadrilla de aviones invisibles o furtivos. En el Caribe tenía a una flota acechando a Venezuela.
Otro elemento perturbador viene de Tabasco, el expresidente persiste en sus maniobras para consolidar un Maximato en el país. Simultáneamente, está intentando contener los intentos de incursiones armadas de Trump, en suelo mexicano, contra la delincuencia.
“No necesitamos a los productos de México y Canadá”, sostiene Trump, luego de inaugurar una planta Ford en Estados Unidos, logra fijar el punto de partida suele obtener ventaja. Trump intenta precisamente eso: reducir el valor percibido del acuerdo, para elevar el costo político de defenderlo y colocar a sus contrapartes a la defensiva desde el inicio.
Entonces, Canadá ya busca ampliar sus horizontes con China. Sin embargo, para México, el tratado es indispensable. Este acuerdo trilateral, no sólo explica la integración productiva construida durante tres décadas, sino que es el mecanismo que ha rediseñado la geografía industrial de México y su inserción en las cadenas globales de valor.
Todo esto, sin embargo, demanda reglas claras y estabilidad. En este sentido, la Cuarta Transformación ya destruyó el Estado de Derecho, la incertidumbre ya está instalada. Las inversiones extranjeras directas se han estancado. El atractivo de México se ha deteriorado significativamente. El gobierno mexicano está desconcertado. La relación con Estados Unidos se percibe fría y distante. Hay poca confianza y demasiadas tropas.
La situación se complica. El país se tropieza y Trump se ha empoderado. El gobierno mexicano se debilita en lo económico y en lo social y entra en crisis. Morena se consolida en lo político, pero ya tiene la etiqueta de corrupto. Andrés Manuel dicta línea desde Tabasco, reaparece cuando quiere recordar quien manda en la Cuarta Transformación. Las cosas vienen intensas. Veremos.




























