Autoretrato 2

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Oliverio Ascascius.

No puedo regalar un tesoro mío
que para los demás no tiene ningún valor,
y ni siquiera para mí lo tiene.
Es como estar rodeado de diamantes,
oro o rubíes en una isla desierta,
y solo puedan ver mi tesoro,
un tesoro que en esas condiciones
no les signifique nada.

Mi riqueza no le sirve a nadie
en ésta época de evolución,
aún ni a mí, aunque la tenga.

Mecánicamente soy humano,
siento dolor, calor, frío, hambre,
amor -a mi modo-
ternura -a mi modo-
Y el odio lo tengo
por ser parte de la composición del alma,
pero lo proyecto todo
donde no hiera a mis hermanos humanos.

Odio la incomprensión,
hago uso de todo sentimiento,
pero no a los cuatro vientos,
todo bajo su control,
-Que yo comprendo-
Por lo tanto me siento completo.
Solo, pero completo.

Es más fácil proyectarme a mis semejantes
-como un espejo-
que para ellos identificarse conmigo.
No soy una personalidad,
soy tantas como sean las que existan.
-Ellos caben en mi–

pero yo no quepo en ellos.

En mi hay parte tuya
y parte de todo lo que conozco.
Me presento al modo que sea aceptado.
Al concepto de individuo.
No es una farsa. No lo es.
Es solo una traducción de lo que soy,
pero en su idioma.
No por quedar bien o ser parte del status,
sino para abrir una comunicación directa,
sin sospechas de que soy como todos.