Rufino Rodríguez Garza.
En la compañía de Sergio y Ernesto López salimos rumbo a Paredón, pero antes de llegar pasando San Juan de Amargos nos encaminamos hacia el cruce suave del Arroyo de Patos.
Hasta donde tengo entendido se llama Paso de Guadalupe y junto existió una antigua hacienda del mismo nombre de la que aún se pueden observar cimientos y tapias, y en una elevación paralelo al Arroyo de Patos sobreviven todavía los antiguos vestigios de una pequeña capilla que se observa desde grandes distancias.

Se cuenta que en 1811, cuando el cura Miguel Hidalgo proveniente de Saltillo pasó o cruzó el arroyo por este lugar siguió hacia Anhelo, La Joya y en Acatita fue aprendido por las tropas del traidor Elizondo.
Otros personajes que también usaron este cruce del Arroyo fue el Benemérito Benito Juárez que también llegó a Anhelo, pero cambió el rumbo y se dirigió a Matamoros y Viesca para dirigirse a Paso del Norte hoy Ciudad Juárez. También proveniente de Paredón y en camino hacia el norte pasó el general Porfirio Díaz.
Este es un sitio con hartos vestigios arqueológicos, pues a lo largo del tiempo las rocas han servido de «cuadernos» para dejar mensajes tanto de los cazadores/recolectores como por españoles y tlaxcaltecas en la época de la difícil colonización; así que se conservan muchas marcas de los nativos. pero después muchas elaboradas por los ganaderos que allí se asentaron aprovechando el agua que frecuentemente les proporcionaba el Arroyo Patos.
A este sitio lo he visitado en varias ocasiones y siempre encuentro algún motivo, alguna forma, algún grabado que pasaron inadvertidos. Se cruza el arroyo e inmediatamente se encamina uno al poniente y llega a un afluente del mismo arroyo, que ahora no se puede cruzar pues el desuso lo ha inhabilitado. Allí nos estacionamos para encaminarnos a una cordillera baja paralela al Gran Arroyo el cual cruzamos con cierta dificultad, pues nos ayudamos siguiendo las veredas de las vacas «vaca pistas», las cuales por instinto bajan a las tinajas y luego suben a los llanos aledaños.
Al lado Norte tenemos la enorme sierra que se llama Sierra Pinta, pues la coloración de las piedras ferrosas le proporcionan esas grandes manchas rojas. Como dato curioso atrás de esta gran sierra corre el famoso Cañón de Eslabones, de una longitud aproximada de 6 km y que desemboca en las inmediaciones de Paredón y Anhelo.
Como hacía años que no me acercaba a este hermoso lugar, me encuentro que al pie de la Sierra se han construido unos corrales y una cabaña que seguramente utilizan los dueños del ganado, del que por cierto no vimos nada de los animales.
Sergio y yo empezamos a explorar la elevación que corre de oriente a poniente y aunque pocos, se localizan algunos grabados que pudimos ver, aquí podemos observar algunos atlatl’s lo que nos indica un sitio de mucha antigüedad; también se localizan en una buena cantidad grabados de carácter abstracto, otros con motivo geométrico, pero destacan algunas huellas de venado cola blanca, algunas astas y figuras curvilíneas.
También y a propósito de la fauna he vuelto a localizar algo que parece un felino o coyote, animal grabado de cuerpo relleno con hocico puntiagudo, orejas altas grandes al igual que la cola. Hay que ver que como la cola era grande le dieron rodeo a la piedra. Fauna aún no identificada, de lo mejor que se ha observado.
El amigo Sergio echó a volar el dron e hizo algunas tomas de las llanuras, parte del Arroyo y la Sierra Pinta. Este sitio es de importancia pues se puede sacar mucha información.
Por último, diremos que se localizan tres cruces de tipo colonial de esas que en sus extremos tienen sendos triángulos. En algún momento descansamos y tomamos unos deliciosos tacos en tortillas de harina y con un refresco procedimos a regresar a Saltillo.
Para seguir explorando este sitio que promete más buenos encuentros.








































