Los exámenes de admisión

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Fernando Rangel de León.

 En estos días cientos, o mil, o más egresados de preparatoria están tristes porque no aprobaron sus exámenes de admisión a facultades de la Universidad Autónoma de Coahuila, principalmente de medicina y odontología aquí en Torreón, que son las que tienen menos cupo para los alumnos de nuevo ingreso.

La reprobación de los exámenes de admisión es un problema que debe de atenderse por parte de la Universidad, porque puede causar la frustración de algunos estudiantes que fueron buenos y hasta brillantes alumnos en bachillerato, que por la forma del examen de admisión que al parecer está hecho para que sea una trampa, que solo los que utilizan más la audacia, la maña, la malicia, que la inteligencia, aprueban.

Una de las razones por las que se implantaron por vez primera los exámenes de admisión en el país, fue en la UNAM a principios de los 60’s, fue buscar la educación de calidad, en lugar de la educación masiva que permitía la entrada a todos los preparatorianos que querían cursar una carrera universitaria; pues se tenían algunos prejuicios pedagógicos de que se enseñaba más a menos que a más y sobre todo a los más preparados.

Por eso los exámenes de admisión no son exámenes de inteligencia, de preparación, de cultura, sino son de astucia, audacia, maña, malicia, etcétera; que los pasan quienes combinan todo lo anterior.

Otra de las razones de impedir la entrada a Medicina y Odontología de Torreón, es el limitado cupo de sus alumnos por falta de grupos; lo que se puede superar ampliándolos para que den cabida a más alumnos.

La sociedad también reciente la exagerada reprobación del examen de admisión, porque la privan de más profesionales que atiendan su salud y su misma vida.

El rechazo masivo de los aspirantes a esas dos mencionadas carreras no debe ser una medida burocrática, sino racional, integral, con mucho sentido social y humanista, que tome en cuenta a todos los factores que rodean esa falsa solución, como la familia que no cuenta con los recursos para darles a sus hijos universidades o tecnológico privados, muy caros, o no pueden mandarlos a estudiar a otras ciudades en donde sí pueden tener cabida  en las universidades públicas; y a la sociedad toda que requiere de nuevos profesionistas.