La mina (II)

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Rufino Rodríguez Garza.

El Rancho La Mina, que antiguamente se conocía como «La Minita» es toda una curiosidad, pues hasta donde se sabe en estos terrenos nunca existió físicamente una mina. 

La extensión por lo que podemos saber es de aproximadamente 1,380 hectáreas cuya vocación es la ganadería, pero el nuevo dueño ha rescatado pequeñas parcelas que les ha otorgado el uso para sembrar pasturas. De igual forma lo que nos llamó la atención es que ha desarrollado una huerta donde se plantaron higueras y la misma se encuentra en plena producción. 

En una anterior visita de hace ya algunos años pude observar bordos en los arroyos para la retención del agua, la cual era escasa y se resumía en las arenas. Existe una perforación de varios metros de profundidad y que da un aforo de 4 pulgadas de agua que ayuda para las labores cotidianas y el riego de las pequeñas parcelas. Pero es aquí donde se localiza un icónico sitio del arte rupestre del sureste de Coahuila y del Norte de México, varios especialistas en la materia y algunos aficionados a la Arqueología como un servidor coinciden en que estas pinturas son las más importantes de la región. Pinturas que proporcionan mucha información de los tiempos de los cazadores-recolectores. 

Este sitio es significativo, es inolvidable, representativo y muy reconocido en la temática de las pinturas de los cazadores-recolectores de la antigüedad. En uno de sus tantos escritos, el profesor Carlos Cárdenas refería que los autores de estas pinturas habían sido grupos de nativos procedentes de La Laguna, pero el Profe nunca nos dio las referencias de su dicho o de dónde había sacado esas conclusiones. 

Estas pinturas son antiguas datan de fechas anteriores a la llegada de los europeos. 

El sitio es de difícil acceso, subir el llano al lugar con pinturas es toda una odisea, el ascenso es casi en vertical; la altura de las pinturas a nivel del mar se ubica a los 1,037 Metros. Hace varios años tuve conocimiento de este increíble lugar por el profesor Carlos Cárdenas que en su tiempo que dedicó a la enseñanza en la escuela Normal Superior del Estado empezó a llevar grupos de esa institución educativa al referido lugar. 

En varias ocasiones he asistido solo, pero en algunas ocasiones más he ido acompañado del investigador José Guadalupe Flores Ventura y del Lic. Ariel Colín. También en otra ocasión asistí con el fotógrafo Alfredo Di Stefano para ilustrar una agenda con las hermosas pinturas del lugar; otras más asistimos al lugar acompañados por el investigador Jan Kwit y el buen amigo y excelente fotógrafo Miguel Ángel Reina. 

Cuenta una leyenda popular que este territorio fue propiedad del General Francisco Coss sin que hasta la fecha lo hayamos podido corroborar. Lo que sí podemos entrever es que seguramente el sitio fue un lugar sagrado donde se realizaron rituales de cacería y del paso de jóvenes a la edad adulta en el que se convertían en cazadores. Y si de cacería hablamos vale la pena recalcar que se hacían rituales de magia «simpática» es decir, grabar o pintar lo que se quería cazar para no tener mayores dificultades ni accidentes, teniendo a la vez buenos resultados. 

La fauna representada es la de los cérvidos principalmente los venados y en este caso de los cola blanca. También hay que resaltar la presencia de dos tortugas seguramente de tierra. 

Las astas son abundantes, pues éstas pasan de 10, dos de ellas tienen una rara característica, pues las astas tienen la figura de plantas de maíz. Recordemos que para el siglo XVI, en que llegan los españoles al norte de México, aquí ya se conocía esa gramínea; todo un caso las astas o «venados maíz». Otro dibujo destacable es el de una red, que las líneas al cruzarse forman rombos son 12 líneas inclinadas unas a la derecha y otras a la izquierda. 

Los cazadores-recolectores fueron grandes conocedores del firmamento, pues tenían el tiempo para observar los cielos y de esta forma poder dibujar soles y una luna en cuarto creciente, adornada ésta por una línea quebrada de 16 picos, éstos elementos se encuentran acompañados de una impresionante tortuga. Se observa una retícula de tres líneas horizontales y divididas en 24 casillas 12 y 12 en la parte superior y la misma cantidad en la parte inferior. Otra figura destacable es la de una extraña greca en posición vertical con siete pequeños rectángulos de tres líneas relacionados, pero con los extremos abiertos. 

Fuera del rojo y del ocre hay un dibujo que se asemeja a una piel abierta o una figura humana con el perímetro rojo y el interior en un color amarillo claro. 

Aquí se encuentra una extraña figura a la que hemos bautizado como «el satélite», este consta de un pequeño círculo al centro, lo enmarcan seis semicírculos, tres de cada lado de donde salen unas líneas como si fueran antenas, las cuales son dos hacia arriba dos horizontales y solo una hacia abajo. Hemos encontrado figuras similares (5) en lugares como en El Pelillal y una en Paso de Guadalupe, pero con la diferencia de que se encontraron en forma de grabado.

 El vandalismo está presente aunque casi no afecta los motivos pintados, también se observa basura que se dejó en el sitio como botellas y algunas latas. Este es un lugar digno y que por lo expuesto hay que cuidarlo, el cual nos puede aportar mucha información respecto a cuestiones astronómicas, botánicas y sociales de los antiguos habitantes del semidesierto mexicano.