Amaranta Madrigal.
¿En qué instante la brújula del mundo
decidió apuntar al norte en el desierto,
a las arenas con memoria milenaria
llamando a los navíos de acero?
La industria, soñando en mandarín,
despierta con acento de frontera.
Llegan en bandadas, grullas metálicas
buscando un invierno menos crudo.
Nuestra tierra respira con paciencia mineral.
Los parques industriales germinan
como cactus de vidrio y aluminio
bajo el sol que brilla sin pedir permiso.
¿Quién lo hubiera dicho?
Que, cansada de sí misma, la distancia
acercara las manos al doblar el mapa con el tiempo.
Los caminos murmuran… camiones
los patios industriales
germinan semillas de ruido,
y en el aire hay un rumor de motores
con alma de promesa.
La esperanza no está vestida de fiesta,
llega sigilosa y en silencio,
palimpsesto de renovada fe
sobre cansancios antiguos.
Tal vez la prosperidad
no sea un río que irrumpe de pronto,
sino una paciencia de hormiga
levantando ciudades invisibles.
Y mientras se calculan rutas,
tarifas, tratados y engranajes,
Coahuila —que todo lo ha visto—
sonríe con discreción:
porque sabe
que el verdadero traslado
no fue de fábricas…
sino de destino.




























