Escena de guerra

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Rufino Rodríguez Garza.

La Loma de Slehiman empieza desde la carretera que va de oriente a poniente y contiene una gran variedad de grabados, algunos abstractos, algunas cruces cristianas quizá de manufactura tlaxcalteca y varios grabados antropomorfos, contiene también más de una escena de acción entre sus piedras.

En este lugar hay una constante de grabado: Los arqueros, estos vienen con variedad de tocados, algunos traen arco y flecha, se prolongan casi hasta el Arroyo de Patos.

 El arroyo tiene buena cantidad de agua, llegar al Patos tiene su grado de dificultad, ya que en la proximidad del aguaje hay que cruzar algunas cercas y después buscar un paso por dónde cruzar.

Ernesto y yo vimos algunas piedras que sobresalían y por ahí cruzamos, Sergio se fue más al norte y mojándose un poco cruzó por unos troncos. Subimos y encontramos un antiguo horno para hacer cal, que se encontraba ya en muy malas condiciones, pero conservaba aún buena parte de su estructura; en los alrededores que tienen existencia de un cuerpo de agua hay varios hornos, los cuales son usados para hacer la cal, siempre en las márgenes de los arroyos. Con cal, arena y agua se hacía un cemento que aún se conserva hasta nuestros días, construcciones antiguas como la Catedral de nuestro Saltillo, al cual se le llama mortero.

Cruzar el Arroyo de Patos es llegar a la prolongación de la Loma de Slehiman, pero ¿qué hace importante este icónico sitio inserto en el municipio de General Cepeda? Aquí encontramos un grabado histórico el cual quizá se realizó en el siglo XVI o a principios del XVII. Se trata de una «escena de guerra». Está grabado en un espectacular tablero donde están en confrontación un grupo de nativos atacando a unos soldados españoles, estos se encuentran montando a sus caballos. Los españoles están armados con lanzas y espadas, los nativos con arcos grandes y chicos además de lanzas. 

Las manifestaciones dejadas por los antiguos pobladores son múltiples, aunque siempre en pinturas. Lo encontrado aquí afortunadamente se encuentra grabado en piedra. Desde mi opinión me atrevo a decir que es una guerra, escena de enfrentamiento entre los nativos y los invasores lo cual le da el valor de única, esto demuestra la resistencia permanente de los verdaderos dueños de estos territorios en contra de los invasores que en su afán de colonizar estas tierras fueron arrebatando las mismas donde vivían por centenares de años los cazadores recolectores.

El sitio se llama Rincón del Toro, pequeña parcela enmarcada por rocas donde los nativos dejaron estas evidencias de rechazo a los europeos. Esta escena seguramente es tardía del siglo XVII, pues cuando el contacto que se dio en 1568 Francisco Cano cuenta que: «los indios eran mansos y que les ofrecieron alimentos pescado y que tenían casas de esteras».

Recientemente el buen amigo José Guadalupe Flores Ventura nos deleitó con un magnífico ensayo precisamente de este lugar. Quiero hacer mención que este ensayo a mí me hubiese gustado firmar.

Los Pachos era una tribu que se encontraba en estos terrenos a la llegada de los europeos, podemos afirmar que estos nativos fueron los que dejaron estas evidencias de la lucha permanente contra los recién llegados. En su afán por colonizar los invasores fueron acabando con los únicos dueños del territorio.

Esta serranía que se llama Sierra de Narigua nace en estos lugares, se prolonga por unos 14 kilómetros terminando en el municipio de Parras, aparte de El Mogote y Narigua hemos localizado más sitios con manifestaciones. El grueso de la gente solo conoce no más de un kilómetro en el Mogote y por supuesto en Narigua.

La loma de Slehiman (así nombrada por un servidor por localizarse en propiedades de esta familia: Los Slehiman) da fe de la gran cantidad de vestigios rupestres que nos ofrecen mucha información de la forma de vida de los cazadores recolectores. El agua casi constante de este Arroyo permitió la presencia de grupos de nómadas que se asentaron a lo largo del Patos. Este Arroyo que nace desde las inmediaciones del municipio de Saltillo y General Cepeda en la serranía de la Catana y que a lo largo de sus 100 kilómetros dio vida a muchos grupos de pobladores que tomaban provecho de su medio ambiente cazando aves, venados y que según los grabados en su interpretación también aprovechaban la fauna como los bisontes, venados y hasta osos.

No lejos de Rincón del Toro localizamos una elevación donde se aprecian huellas grabadas de estos mamíferos plantígrados, además de bisontes y venados, el sitio se llama Jamoncillo en la comunidad de El Gavillero. 

Junto a la escena de guerra podemos observar nativos secuestrando mujeres, pero también jinetes españoles con casco, espada y en algunos casos con adarga, escudo donde el estribo de la montura servía como arma en la lucha con los nativos. En este importante sitio y de factura más antigua podemos ver en los grabados a los indios fuertemente armados con lanzas y arcos. Testimonio de la no conquista de los pueblos originarios por los avasalladores , quienes se iban retirando cada vez más de ellos, hasta perderse en la arena del desierto y de los tiempos.