José Guadalupe Robledo Guerrero.
La historia universal ha enseñado que la educación es la base del progreso de un individuo o de un país, pero los dictadores de todas las ideologías quieren pueblos ignorantes y dependientes de sus limosnas, bajo aquel adagio tibetano: “El que parte y reparte se queda con la mayor parte”, por tal razón no hay diferencia entre las pensiones del obradorismo y la libreta de abastecimiento del castrismo.

Para el gobierno obradorista, la educación de calidad no es una opción, pues un pueblo educado no es dócil, ni sumiso y no es fácil de manipular. Por eso para López Obrador y Claudia Sheinbaum, la “educación” que se imparte es principalmente ideológica, parcial y supuestamente nacionalista. Por eso, los dictadores reescriben la historia para el consumo de los pobres e ignorantes.
Esto viene a colación porque a mediados de esta semana, se dieron a conocer los resultados de la prueba PISA, en la que México obtuvo un puntaje en matemáticas, en lectura y comprensión y en ciencias, que lo ubican por debajo del promedio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), organismo internacional que ayuda a los gobiernos a mejorar sus políticas públicas para el progreso y bienestar de las personas.
Durante su sexenio, AMLO desdeñó los resultados de la prueba PISA, argumentando que dichos parámetros eran neoliberales, pero finalmente aceptó el proceso de evaluación. En 2025 México se ubicó en el lugar 64 de 91 países participantes. El rezago en el aprendizaje mexicano se calcula entre 2.5 y 3.7 años escolares; es decir, que un alumno de 15 años, que terminó la secundaria, sabe de matemáticas lo mismo que un muchacho que cursa el quinto o sexto año de primaria, situación que cobrará factura a la generación evaluada.
Cuando Claudia Sheinbaum abordó en la mañanera el resultado de la prueba PISA 2025, lo minimizó, no le dio importancia arguyendo que todos los países son distintos, y exentando a su “gobierno” de toda responsabilidad, ni siquiera se le ocurrió decir que revisarían el proceso educativo, para mejorar la evaluación de la OCDE, mandando al carajo los adversos resultados, sin considerar que solo el 30 por ciento de los 7,843 alumnos de 15 años que se evaluaron en México, alcanzaron el nivel básico en matemáticas, y que el 50 por ciento de los niños de 10 años no comprenden lo que leen.
En lo que respecta a la deuda pública, tanto AMLO como Claudia Sheinbaum mintieron, ambos prometieron que no endeudarían al país, pero no cumplieron. AMLO recibió de Peña Nieto una deuda de 10.5 billones de pesos, y al terminar su sexenio la deuda se había elevado a 17.4; es decir, 6.9 billones más; y en el año y medio del “gobierno” de Claudia Sheinbaum, para mediados de 2026, la deuda se incrementó en más de 2 billones de pesos (entre 2.4 a 2.8 billones), y para 2027 ya se anunció en el Presupuesto de Egresos de la Federación que se endeudará al país con 1.7 billones de pesos.
Para 2027 el Presupuesto de Egresos de la Federación destinará 1 billón 25 mil 388 millones de pesos para las pensiones sociales, una cantidad menor al endeudamiento previsto para el próximo año de 1.7 billones de pesos; es decir, en 8 años del gobierno obradorista, ha duplicado la deuda, 10 billones de pesos, pero solo ha gastado en pensiones sociales un poco más de la mitad. La deuda de México representa el 51.5% del Producto Interno Bruto. No hay duda, que el obradorismo ha mandado al carajo los enormes riesgos del endeudamiento.
Está claro que las pensiones sociales se han pagado y se siguen pagando con deuda; es decir, se endeuda a México para regalar dinero a los pobres a cambio de su voto, algo así como “pedir limosna, para dar caridad”, pero esa deuda deberá ser pagada por los mexicanos de las siguientes generaciones, las que sufrirán las consecuencias del endeudamiento.
El gobierno obradorista tampoco ha informado en qué se gastó la parte de la deuda que no se utilizó en pagar pensiones, ni ha informado en qué se gastan los impuestos de los mexicanos, pues tanto AMLO como Claudia Sheinbaum han dejado de invertir en las responsabilidades del gobierno federal, a pesar que se apoderaron de los fideicomisos, han recortado los presupuestos de los estados y de las secretarías, salvo Sedena, pero la opacidad impide ver a dónde fueron a parar los recursos de los mexicanos.
Política aldeana
El ex panista fifí, ahora senador por Morena, Luis Fernando Salazar, conocido en Coahuila con el mote de “El Hooligan”, por sus escándalos y malas amistades, ha sumado a su haber otro escándalo más por defender a la senadora con licencia y aspirante a la gubernatura de Baja California, Julieta Ramírez, de una información que dio a conocer el periodista de Televisa Enrique Acevedo, sobre un expediente abierto en Estados Unidos, donde se menciona a la morenista como informante colaboradora.
En respuesta, Luis Fernando insultó al periodista y lo amenazó en sus redes sociales, advirtiéndole a la usanza de los capos: “Vamos a ir tras de ti por vulgar mentiroso”. Luego, zacatón como es, reculó, advirtiendo que lo decía desde el punto de vista legal, borró la amenaza y pidió disculpas, pero hasta Claudia Sheinbaum condenó la amenaza del senador, al que el periodista Ciro Gómez Leyva calificó de miserable y cobarde. ¿De dónde le salió lo machito a Luis Fernando? ¿De su amistad íntima con el corrupto Mario Delgado, de que milita en un narcopartido o de sus amigos los narcopolíticos de Morena?
Preguntas huérfanas
¿Sabía usted que en 2018 Miguel Arreola, candidato del PRI al gobierno de la Ciudad de México, acusó a la entonces candidata de Morena, Claudia Sheinbaum, de ser mariguana, ella solo aceptó que la había fumado en la universidad, pero el tema vuelve a mencionarse, porque -según se dice- sigue fumando cannabis?
¿En dónde metió Omar García Harfuch a los 67,253 detenidos en el “gobierno” de Claudia Sheinbaum por delitos de alto impacto?




























