Jorge Arturo Estrada García.
“Para que no se pueda abusar del poder,
es preciso que el poder detenga al poder”.
Montesquieu.
“Si queréis conocer a un hombre,
revestidle de un gran poder”.
Pitaco de Mitilene.
Lo importante es conservar el poder. El crecimiento del país, no es relevante. Atravesamos una tormenta, que empeora cada día. La gobernabilidad está en disputa, dividida. El Palacio Nacional intenta contener los embates diplomáticos y económicos de Estados Unidos; pero no sus propias ineficiencias, ni la corrupción. El caso Rubén Rocha Moya refuerza la percepción de la disputa por el mando político y la magnitud del desafío lanzado hacia Donald Trump.

Simultáneamente, Andrés Manuel López Obrador, persiste en operar en la definición de candidaturas para 17 estados. Estas disputas, amenazan con descarrilar el segundo tramo del sexenio. La calidad de vida no interesa, la Cuarta Transformación es un Proyecto de Poder. Lo importante es conservarlo. Para ello, se reconstruye la legendaria, Dictablanda.
Sin embargo, el expediente del huachicol fiscal es la grieta financiera y política que lo daña todo. Es, ante todo, una gran amenaza para el poderoso obradorismo. Es un modelo de corrupción enorme y sin precedentes, en el país. En un país que había presenciado saqueos sistemáticos por décadas. Esta trama, delictiva, consiste en una pérdida tributaria estimada en 600 mil millones de pesos, por el contrabando de combustibles.
Es así, que esta trama de corrupción, ya ha pasado de ser un boquete a las finanzas públicas a convertirse en una bomba de tiempo, con etiqueta internacional. En este momento, las investigaciones de las autoridades estadounidenses han cercado a empresas como Portacelis Gas and Oil e Ikon Midstream en Houston. En ambos lados del Río Bravo, se considera que el asunto del huachicol fiscal arrasaría con la cúpula del partido oficialista. Lo que parecería una gran oportunidad de lucimiento del inquilino de la Casa Blanca. “Apalear” a la piñata mexicana.
Es así que el retiro del visado a Andrés López Beltrán, y las revelaciones de relaciones del crimen organizado con los políticos mexicanos, configuran la mayor crisis de credibilidad institucional del régimen. En este tema, los estadounidenses han jugado un papel relevante y sistemático.
Como resultado de las acciones norteamericanas, en el caso de Ismael, Mayo, Zambada, el régimen morenista quedó atrapado en un infierno de violencia en Sinaloa, y otras regiones del país, con miles de víctimas y casos judiciales en Nueva York.
Lo anterior, sumado al lamentable estado de la educación, según la Prueba PISA 2025; a los escenarios del vital T-MEC, no renovado y sometido a revisiones anuales, y a las presiones comerciales de la Casa Blanca, que revelan una acelerada descomposición estructural en México. No hay crecimiento, tampoco habrá desarrollo. Así, del estancamiento, pronto podríamos llegar a la caída libre, a la quiebra financiera. Como ya nos sucedió, en el último tercio del siglo 20, en los estertores de la dictablanda priista.
Adicionalmente, con el envío de Andrés López Beltrán a competir en Tabasco y enviar una carta agresiva al presidente Trump, tras perder su visa estadounidense, se escala el conflicto. Estamos entre la presión estadounidense contra la tozudez de AMLO.
En el país, en lo social, también las cosas empeoran. A lo largo y ancho del territorio nacional, el tejido social está roto por la presencia de la violencia extrema y las atrocidades. El informe del primer semestre de 2026, de Causa en Común, señala que los medios periodísticos documentaron 2 mil 181 notas sobre 2 mil 529 eventos clasificables como atrocidades y actos de alto impacto, dejando al menos 2 mil 870 víctimas identificables en el país. La mayor concentración, de hechos trágicos, se registró en Sinaloa con 299 reportes y 308 víctimas, seguida por entidades como Michoacán, Chihuahua, Sonora y Guanajuato.
La radiografía, de la violencia extrema, confirma la persistencia de métodos crueles, encabezados por 658 asesinatos con tortura, 290 asesinatos de mujeres con crueldad extrema, 193 hallazgos de fosas clandestinas y 156 masacres, evidencias que retratan la incapacidad gubernamental para prevenir e investigar la brutalidad criminal. Las cifras alegres de Las Mañaneras no convencen.
En lo político, avanza rápidamente la demolición de la democracia mexicana. De esta forma, lejos de abrirse al escrutinio, el Instituto Nacional Electoral ha blindado el proceso hacia 2027 mediante un esquema de monitoreo contra la crítica periodística. En este escenario, de censura y disputa territorial, el país se adentra en un año de definiciones bajo el peso de un mando bicéfalo interno e instituciones profundamente desmanteladas y cooptadas.
El discurso, del Palacio Nacional, refleja alarma por la situación y hasta anuncia la nulidad de elecciones “si hay intervención extranjera”. Las reformas a las leyes para mantenerse en el poder y castigar adversarios no cesan. Ese es el tamaño del miedo de perder la mayoría en el congreso federal. Hay demasiados escándalos de corrupción y de malos gobiernos operando.
Entonces, rumbo al proceso electoral de 2027, el partido gobernante enfrenta pugnas internas en 17 entidades. Las reuniones, a puerta cerrada para seleccionar candidaturas, han derivado en intensos choques entre perfiles respaldados por la Presidencia y aquellos impulsados por la estructura de López Obrador. Se manifiesta un mando dividido y el descontento por encuestas opacas. También, se pasan por alto, los señalamientos de corrupción y nepotismo. En estos escenarios complicados, el establecimiento, por parte del Instituto Nacional Electoral (INE), de un monitoreo para sancionar el sarcasmo, la ironía y la crítica indirecta hacia precandidatos opera, de facto, como un intento del obradorismo para silenciar al periodismo durante el proceso electoral.
En consecuencia, el 6 de junio de 2027 se disputan 19 mil 609 puestos de elección popular en un entorno incierto, sin credibilidad. Será la elección más grande en la historia de México. Sin embargo, no serán como las que hemos realizado durante los últimos 30 años. Ahora, serán sucias, fraudulentas, y hasta violentas, en algunos lugares. Otra vez, serán como las del Viejo PRI. Otra vez, serán para construir una “dictablanda”.
Es evidente, que los apáticos mexicanos somos capaces de permitir que los peores se reinstalen en el poder. También, somos capaces de reconstruir a un país mega endeudado, sin desarrollo, lleno de analfabetas, sin empleos de calidad, sin servicio médico ni medicinas, sin esperanzas de movilidad social, de progreso, ni de innovación y desarrollo tecnológico. Entonces, sólo el factor Trump podría descarrilar a la defectuosa, pero poderosa, locomotora morenista. Las cosas vienen intensas. Veremos.




























