José Guadalupe Robledo Guerrero.
Hace días, algunos hiper obradoristas se desgarraron las vestiduras en “defensa” de la masculinidad del macho alfa de Morena, Andrés Manuel López Obrador, de quien Carlos Monsiváis le había confiado -en 1999- al periodista Edmundo Cázares en una entrevista lo siguiente: “déjeme contarle que, hace algunos años, le di cobijo a Andrés Manuel López Obrador cuando llegó de Macuspana, Tabasco, a los 19 años de edad; había asesinado, accidentalmente, a su hermano. Lo tuve aquí en mi casa por espacio de 9 meses, pasé deliciosas y divertidas noches con él. López Obrador, por dinero … ¡era capaz de hacer lo que fuera!”.

La entrevista fue reeditada por el periódico El Universal, en el aniversario 16 de la muerte del escritor y periodista mexicano Carlos Monsiváis. La primera en reaccionar fue la gerenta Claudia Sheinbaum, que desde la mañanera se refirió con insultos al prestigiado diario, al que acusó de podredumbre; otro semejante, el porro corrupto e impresentable de Gerardo Fernández Noroña, se dejó caer con todo su léxico arrabalero. También la familia de Monsiváis le entró al debate, asegurando la discreción del connotado escritor con su homosexualidad. Y efectivamente, el aludido guardó con discreción su preferencia sexual, pero todo el mundo intelectual y periodístico la conocía.
Tuve la suerte en los 80-90 del siglo pasado de conocer a Carlos Monsiváis, en la casa de la Aurora del Ing. Armando de la Peña Rodríguez, allí también conocí a Elena Poniatowska a invitación de mi amigo Armando, y el tema de su preferencia sexual nunca se abordó, pero la conocíamos.
¿Qué indignó a los obradoristas del mencionado párrafo? Lo del asesinato accidental de su hermano ya se sabía, pues desde su primera campaña se hizo un panfleto sobre el caso; lo de su gusto por el dinero ya no hay duda, AMLO recibió apoyos en efectivo “para su movimiento” de empresarios, políticos y del crimen organizado. Esto también se sabía, pues en su libro “El rey del cash”, Elena Chávez González, exesposa de César Yáñez Centeno, cercano colaborador del expresidente, proporcionó muchos datos sobre el gusto del macuspano por el dinero en efectivo.
Lo que no se conocía es que Monsiváis le dio “cobijo” en su casa por 9 meses, mucho menos se sabía que con López Obrador había pasado “deliciosas y divertidas noches”, pues según el escritor, por dinero AMLO era capaz de hacer lo que fuera. Sin embargo, en esa caja de Pandora que son las redes sociales ya se había ventilado, que AMLO fue protegido en sus primeros pasos como político por el escritor, poeta y político tabasqueño, Carlos Pellicer Cámara, quien era homosexual. Sea cual fuere la verdad, lo cierto es que López Obrador logró colarse en los afectos de dos connotados gay, que son muy selectivos en sus relaciones.
Pero independientemente de lo tendencioso del asunto, los que menos deben sorprenderse son los “comunistas” de Morena, que por el valor de los votos han sido los que han defendido los derechos de la comunidad gay, aunque en el fondo no simpaticen con esa preferencia sexual, y actúan como uno de sus principales héroes: Fidel Castro, quien una vez en el poder persiguió y encarceló a los gay, y los quiso “volver hombres” con terapias de reconversión, pese a que su hermano Raúl Castro es homosexual.
En la defensa de la masculinidad de AMLO, los morenistas se mostraron tal cual son, hipócritas y homofóbicos, al considerar como insulto la posibilidad de que su mesiánico líder sea homosexual, mejor dicho bisexual, que para el caso es lo mismo.
De todos modos, el periodista Edmundo Cázares no pudo mostrar la grabación de la dichosa entrevista con Carlos Monsiváis, El Universal retiró de sus plataformas la reedición y el periodista pidió disculpas y renunció al periódico, que también se disculpó con sus lectores. Ahora solo falta que los hipócritas y homofóbicos obradoristas se disculpen por considerar que ser gay es un insulto, y tener preferencias homosexuales en el siglo XXI es una aberración.
Esto me hizo recordar, que en cierta ocasión una persona transgénero quiso abrazar ¿o besar? a AMLO frente a una multitud, y éste evadió la caricia. Cuando le preguntaron, AMLO con ingenio externó: Yo solo vi a un hombre vestido de mujer. Con esta respuesta se libró de la acusación de que había rechazado a un transgénero, y nadie se sintió ofendido.
¿Por qué tanto temor a reconocer en sus filas el homosexualismo?, cuando Morena ha postulado como legisladores a personas abiertamente gay, será que las centenas de homosexuales que militan en Morena y ocupan cargos relevantes quieren seguir en el clóset, aunque todo mundo sepa sus evidentes preferencias sexuales.
El oficioso debate solo duró un par de días, los obradoristas decidieron callar para no profundizar en el tema, pues AMLO nunca salió de su escondite a dar su versión, no quiso decir si era o no verdad que Carlos Monsiváis, a quien tanto aduló López Obrador, le había dado cobijo durante 9 meses, ni quiso decirle al pueblo sabio que fue lo que hizo deliciosas y divertidas las noches.
Pero digan lo que digan, esta situación que se antoja banal, sirvió para que nos olvidáramos del fútbol, de los narcopolíticos, de las mentiras de Claudia, y del desmadre en que tienen sumido a México los morenistas.




























