Abogado contra abogado

0
41

Fernando Rangel de León.

Este 12 de julio se celebra el Día del Abogado, y es conveniente recordar las palabras del Licenciado Fernando Serrano Migallón, director de la Facultad de Derecho de la UNAM, que pronunció aquí en Torreón hace algunos años, dentro de los actos de celebración de esa fecha, de que de todos los profesionistas los únicos que pelean entre sí son los abogados.

Los médicos, odontólogos, ingenieros, agrónomos, arquitectos, contadores públicos, profesores y demás, ejercen su profesión sin pelear uno contra otro porque el único interés es salvaguardar la salud, evitar lo más posible la muerte, quitar el dolor, construir carreteras, puentes, edificar, construir la morada de los seres humanos, llevar las cuentas para los diversos pagos de nómina y fiscales y enseñar e instruir a los educandos.

En cambio. el abogado defiende el interés de una persona que se contrapone al de la otra; por lo que para sacar adelante satisfactoriamente ese interés tiene que pelear con todo contra el abogado del interés contrario, quien también hará lo propio.

Y como es una lucha entre iguales, entre dos inteligencias, dos capacidades, dos preparaciones y dos experiencias, desafortunadamente no gana quien tiene el derecho y la razón de su parte sino por lo regular triunfa el que se vale de “chicanas”, de falacias, que son razonamientos falsos con apariencia de verdaderos; gana por lo regular el que tiene menos ética profesional.

Quien le da la razón y el derecho a uno de los abogados contendientes, es el Juez, quien teniendo el deber de juzgar única y exclusivamente con base en las pruebas, muchas veces dicta la sentencia por un beneficio personal o económico o de otra índole o por consignas políticas o por otros motivos ajenos a las constancias del expediente.

Un jurista afirmó que la demanda es un proyecto de sentencia condenatoria y que la contestación de demanda es un proyecto de sentencia absolutoria; de manera que desde un principio el abogado debe de plantear cuestiones viables y alcanzables, para probar sus dichos y ganar sus juicios.

Los defendidos o clientes debe ser lo más importante de los abogados; con los que deben de ser honestos y decirles toda la verdad   para que se les defienda bien y mejor; nunca traicionarlos porque equivale a traicionarse así mismo.

El interés del abogado no debe ir más allá del interés de su cliente y defendido, a quienes debe siempre decirles la verdad, mantenerlos informados de absolutamente todo lo que hagan; y nunca ser socios de ellos, es decir, ganar igual o más que ellos; sino que sus honorarios profesionales deben ser lo más módicos posibles; pues lo que hacen es prestar un servicio profesional.

Habrá muchos y muy variados discursos con motivo del Día del Abogado, vacuos de compromiso social; pues el mejor homenaje es dignificar la profesión con los hechos, con la mayor honradez a sus clientes y defendidos; haciéndolos sentir como sus médicos que les defienden la libertad y el patrimonio, bienes que son de los más importantes para la vida, y que en cada caso le son confiados.