J. Alejandro Robledo F.
El fútbol que Infantino quiso vender
El martes pasado el periodista Martyn Ziegler, del Diario The Times de Londres, destapó el escándalo al revelar el negocio que se gestaba a costa del fútbol mundial y lo definió con una frase: «el Mundial está en venta». Gianni Infantino el presidente de la FIFA estaba negociando en secreto con los fondos JP Morgan y Thrive Eternal la creación de una empresa llamada FIFA Forward Enterprise (FFE), que sería una filial valuada en 20 mil millones de dólares para administrar los derechos de televisión, patrocinio, venta de boletos y operación de los torneos del organismo, incluido el propio Mundial.

No era una propuesta: ya había proyecto, banco, fondo, fechas y cifras. Iba a ser impulsado y cabildeado en secreto poniendo fecha límite del 19 de septiembre y un monto de 52 millones de dólares para cada federación como coacción o soborno. Para aprobarlo requería el consentimiento de las 211 federaciones de fútbol, algo que a Infantino nunca le ha importado porque siempre ha actuado como dueño de la FIFA.
La actitud mercenaria de Infantino no es casual. Llegó a la presidencia de la FIFA en febrero de 2016, en un Congreso extraordinario en Zúrich, como candidato de emergencia tras el «FIFA Gate»: la investigación del FBI y la fiscalía suiza que en 2015 destapó una red de sobornos, fraude y lavado de dinero por más de 200 millones de dólares y 92 delitos imputados, que provocó la caída de Joseph Blatter, y media cúpula de la FIFA (Webb, Blazer, Teixeira entre otros) y de Michel Platini, entonces presidente de la UEFA y jefe de Infantino que era secretario general de la UEFA. Éste se presentó como el que acabaría con la corrupción en la organización, y terminó diseñando la operación financiera más opaca de su historia. Infantino pronto se convirtió en la nueva forma de corrupción perfeccionada sostenida en sus aliados de federaciones de fútbol a cambio de dinero.
El esquema del nuevo negocio de Infantino que semiprivatizaba el fútbol tenía tres componentes según la investigación periodística, que delata un negocio personal disfrazado de reforma institucional. Primero: la nueva empresa FFE recaudaría hasta 4,200 millones de dólares vendiendo participaciones a inversionistas privados, eso abriría la puerta de la gobernanza del fútbol mundial al capital de riesgo. Segundo (lo más obsceno del plan): Infantino se reservó para sí mismo el cargo de comisionado de la nueva empresa al terminar su gestión en la FIFA, con un salario de 64 millones de dólares, diez veces más de los 3.3 millones de dólares que gana actualmente. Infantino, diseñó su propio negocio con el activo del fútbol. Tercero: el soborno institucionalizado disfrazado de incentivo al ofrecer 53 millones de dólares a cada una de las 211 federaciones si aceptaban el plan en un plazo de 53 días; quienes se negaran recibirían 75% menos. Infantino no buscaba convencer del mérito de su plan sino comprar los votos antes de que alguien reaccionara, por eso lo hizo a la sombra de la opinión pública.
El rechazo al proyecto de Infantino
Después del reportaje la primera confederación en rechazar el plan fue la UEFA (Europa), con sus 55 federaciones. La calificó de «inaceptable» y amenazó con un boicot con el cual sus selecciones no participarían en las competiciones de la FIFA. El fútbol europeo y su mercado aportan el 70% de las ganancias del fútbol mundial; son el principal centro laboral de jugadores de todo el mundo y el principal patrocinador de academias de formación de futbolistas en África y América.
El presidente de la UEFA, Alexander Ceferin, fue tajante: «Ninguno de nosotros es dueño del fútbol. No le corresponde a la FIFA venderlo». Poco después vino el rechazo de CONCACAF con 41 federaciones (35 miembros de FIFA) -incluidas las tres anfitrionas del Mundial 2026-, exigiendo que la FIFA explicara por qué necesitaba capital privado en vez de usar sus propias reservas, que ascienden a 55 mil millones de dólares (mdd) más las ganancias netas del último Mundial que fueron de 9 mil mdd (la ganancia bruta fue de 15 mil mdd). En el caso de esta Confederación la nota vergonzosa fue el penoso comunicado de la Femexfut a cargo de Mikel Arriola (un burócrata panista del equipo de Meade) que desconoció el comunicado de la Concacaf y se dijo dispuesto a «evaluar el proyecto».
La Confederación Asiática de Fútbol (AFC), con 47 federaciones, también rechazó el plan y se refirió a las deficiencias en el proceso de consulta del organismo. Entre las tres sumaron 136 federaciones con un rechazo abierto, muy por encima de los 106 votos que Infantino necesitaba para aprobar su plan.
Otros casos vergonzoso que apoyaron la propuesta de Infantino son los de la Conmebol (Sudamérica) y de la CAF (África), cuyos dirigentes reciben recursos que Infantino les da en sueldos, viáticos y negocios. No olvidemos que uno de los escándalos de corrupción en FIFA fue el Proyecto Goal (Goal Programme) cuyo presupuesto debía llegar a federaciones pobres de África y Latinoamérica para infraestructura y formación infantil, y terminó en los bolsillos de sus dirigentes. También está el caso de la Conmebol, cuyo presidente Alejandro Domínguez es aliado incondicional de Infantino, y que ha sido acusado por desvío de recursos, corrupción, pago de sobornos, utilización de paraísos fiscales.
Los otros desmarques de los delirios de Infantino
Otros duros golpes a Infantino fueron los que su propio círculo le propinó: Carlos Cordeiro, su asesor económico principal y representante para el Mundial 2026, renunció y señaló que la propuesta «considera vender una participación en la Copa del Mundo». También el director de operaciones de la FIFA, Kevin Lamour, denunció que «el personal de la FIFA fue engañado. El plan es de una sola persona».
Pero quizá el desmarque que más incomodó a Infantino fue la de sus inversionistas, entre estos aparecía Joshua Kushner, fundador de Thrive Eternal y hermano de Jared Kushner, yerno de Donald Trump. Ese vínculo alimentó las sospechas de que la Casa Blanca respaldaba el plan, sobre todo después de la cercanía de Trump con Infantino durante el último año. Cuando la presión mundial arreció, Trump se deslindó y aseguró que nunca habló con Infantino sobre la venta de participaciones del Mundial. Infantino lo había usado como escudo político durante años, y cuando vino el desmarque se exhibió solo, sin aliados y sin prestigio, apenas 15 días después de la final del Mundial que lo tenía en su mejor momento.
El retiro que llegó tarde
Infantino tuvo que retirar su plan el viernes ante el rechazo de las Confederaciones, de ligas de fútbol, jugadores y aficionados. Pero eso no terminó la crisis, inició otra fase: la de su destitución. La UEFA y CONCACAF calificaron el retiro del proyecto como apenas el primer paso, advirtieron que la confianza en el presidente de la FIFA estaba rota y plantearon su renuncia. La UEFA también dijo que pedirán una auditoría, y la CONCACAF exigió que se fiscalizaran las cuentas de la FIFA y se repartiera entre las federaciones. Y remataron diciendo que ese organismo es el custodio del fútbol, no una empresa privada.
En menos de una semana el plan de privatización de Infantino se convirtió en la crisis que lo enfrenta a su destitución. Los Estatutos de la FIFA prevén que una quinta parte de los miembros (43 de 211 federaciones) puede solicitar un Congreso extraordinario, y en éste, podrían pedir formalmente la destitución de Infantino, que procedería con el 50%+1 de los votos de los miembros. UEFA, CONCACAF y AFC ya suman 136, muy por encima de ese umbral.
Seguramente el cálculo de estas confederaciones es que Infantino debe renunciar y así evitarían que haga un repliegue táctico, que gane tiempo y se reagrupe con sus aliados de Conmebol, CAF, algunas federaciones asiáticas y saudíes, y que utilice los recursos de la FIFA, y de sus aliados de Arabia Saudita y Marruecos para comprar votos y reelegirse en marzo de 2027.
Entre federaciones, ligas y sobre todo la opinión pública y aficionados, la opinión es que Infantino debió irse hace años por su actitud nociva para el fútbol mundial. Los cada vez más amañadas elecciones de sedes del Mundial, el uso de recursos de forma opaca, el alto precio de los tickets, las concesiones mayores a empresas, la falta de recursos para el desarrollo del fútbol, y el usar la FIFA como su empresa particular, han dañado el fútbol mundial. Y la ambición de un megalómano, mercenario, ignorante del deporte y ansioso de dinero no debe ponerlo en riesgo.
El escritor uruguayo Eduardo Galeano (qepd) era un gran aficionado al fútbol, decía que nunca fue bueno para practicarlo, pero que era un deporte tan democrático que cualquiera podía jugarlo y que ahí radicaba su belleza, en que era para todos. «El fútbol es la única religión que no tiene ateos» decía también. Por ello la importancia de que todo mundo lo defienda.
Notas al margen
Delirios de rey; el Castillo para Infantino
En México Infantino ya había dado una muestra de cómo se comporta cuando cree que el poder no tiene límites. El 10 de junio, la víspera de la inauguración del Mundial, en conjunto con la Femexfut y empresarios organizó una cena de gala en el Alcázar del Castillo de Chapultepec -recinto que según la normativa del propio INAH, sólo admite eventos culturales, académicos o científicos- y donde “no se permiten, bajo ninguna excepción, eventos sociales o empresariales de ningún tipo». Primero se habló de un préstamo institucional; luego, ante el escándalo, el gobierno mexicano dijo que hubo un pago de 1 millón de pesos; y ante la denuncia de investigadores del INAH el mismo gobierno dijo que fue «diplomacia cultural». Infantino y todas sus exigencias fueron cumplidas por el gobierno mexicano gastando miles de millones de pesos, aunque el retorno económico fuera apenas de 45 mil mdp (la misma derrama que «El Buen Fin»).
Esa cena también le costó capital político a Claudia Sheinbaum, quien asistió al evento y se retrató sonriente junto al dirigente suizo (fotos que ahora son recuerdos incómodos). Ante las críticas, la presidenta tuvo que justificarse después, entre risas incómodas, «entré, leí una cuartilla, y me salí». Lo dicho en este espacio con anterioridad: con el Mundial e Infantino, Sheinbaum no ganó ni en lo económico, ni en lo político, ni en lo diplomático.
*El autor es abogado, consultor y analista.





























