Los aventones, cachetadas y sapes que se protagonizaron el pasado miércoles en el Senado de la república, es parte de la polarización que desde hace 20 años iniciaron los seguidores de AMLO. Y esta vez el perdedor fue el agredido Gerardo Fernández Noroña, quien además de todas sus provocaciones y su casa en Tepoztlán, tiene en su haber muchas facturas sin pagar.
Nadie le dijo Noroña, que sus actitudes prepotentes y arbitrarias le traerían múltiples problemas, pues agarró de enemigos a todo tipo de personas pensantes: periodistas, intelectuales, mujeres inteligentes que luchan por la democracia de México y por encontrar a sus hijos desaparecidos. Es cierto, Noroña fue el agredido, pero debe muchas que le están cobrando y no lo dejaran en paz. Noroña es un provocador, un porro verbal y un cobarde que se hace la víctima, aunque sea el victimario. Y por si fuera poco, Noroña se llevó entre las patas a la presidenta Claudia Sheinbaum quien no ha dejado de apoyar sus pendejadas, como lo hace con los cientos de políticos narcos que la rodean.





























