En un país donde las promesas de progreso se asoman a cada rincón del discurso político, hay tragedias que persisten, invisibles para quienes tienen el poder de hacer un cambio. Los Chorros, el tramo más peligroso de la carretera 57, es la perfecta representación de un olvido costoso.
A pesar de los grandes anuncios de inversión y las prioridades que el gobierno de Claudia Sheinbaum anuncia con bombo y platillos, este tramo sigue siendo una cicatriz abierta en el corazón de quienes transitan por esa vía cada día.

Los Chorros son 10 kilómetros de asfalto que bien podrían ser catalogados como un campo de batalla, un lugar donde el riesgo es la única constante. Curvas cerradas, pendientes que desafían la seguridad, y un panorama que concentra el 86% de los accidentes de la región. Según datos oficiales de Capufe, entre 2016 y 2022, más de 700 accidentes han ocurrido aquí, dejando 47 muertes y miles de heridos.
Las proyecciones para 2025 no son menos alarmantes: entre 900 y 1,000 accidentes, y un saldo estimado de 50 a 55 muertes. El número es dolorosamente alto, pero lo que resulta aún más desolador es la inacción frente a esta crisis.
No se trata de desconocer que otras obras también son necesarias. La modernización de la carretera Saltillo-Monclova, el Puerto Verde en Piedras Negras o la conexión urbana Saltillo-Ramos Arizpe son proyectos importantes para el desarrollo.
El proyecto para la rectificación de Los Chorros está listo, validado por la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT), con un costo de más de 1,500 millones de pesos. Es una cifra considerable, pero insignificante en comparación con el precio humano que estamos pagando.
Sin embargo, esta obra no fue considerada dentro del Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) para 2026, lo que deja claro que las prioridades del gobierno no son, en este caso, la seguridad ni el bienestar de la población, sino lo que es políticamente rentable.
Lo más doloroso de este abandono es la falta de presión por parte de los representantes locales. ¿Dónde están los legisladores federales de la región? ¿Por qué no han sido capaces de cabildear y presionar para que la seguridad de los ciudadanos se convierta en una verdadera prioridad?
Cecilia Guadiana, Alfonso Cepeda, Miguel Ángel Riquelme, Rubén Moreira, Jericó Abramo, Ricardo Mejía, Guillermo Anaya, Verónica Martínez, Antonio Castro y otros representantes locales como Luz Elena Morales, Alberto Hurtado y Álvaro Moreira, entre otros, han quedado en silencio ante esta tragedia anunciada. Sus voces se apaciguaron, y con ello, la esperanza de ver este proyecto materializado se desvanece cada vez más.
El olvido de Los Chorros no solo es un error logístico; es un acto de indiferencia hacia las vidas de ciudadanos que cada día deben poner en juego su seguridad al atravesar ese tramo mortal. ¿Cuántas muertes más necesitamos para que este proyecto se haga realidad?




























