Política aldeana. Lenin Pérez y el negocio político

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Lenin Pérez Rivera, al frente del Partido Unidad Democrática de Coahuila (UDC), es un ejemplo claro de lo que algunos denominan “mercenario de la política”. No es un político que defienda ideales firmes ni que trabaje por el bienestar común; es, más bien, un oportunista que ha aprendido a navegar en las aguas turbulentas del pragmatismo político, a costa de los intereses de la gente.

Su más reciente jugada, la coalición con el PRI para las elecciones de diputaciones locales, refleja un patrón de supervivencia más que de compromiso político.

 A lo largo de los años, el UDC ha ido perdiendo fuerza en Coahuila. Su militancia, cada vez más escasa, y la falta de propuestas concretas han dejado a este partido en un terreno insostenible. 

Sin embargo, la alianza con el PRI no es casualidad, es el último salvavidas de un Lenin Pérez que, como su padre Evaristo Pérez Arreola, ha ido construyendo su imperio político a través de relaciones familiares y alianzas con cualquier partido que le permita mantener su influencia en la región.

El cacicazgo en Acuña, heredado de su padre, se ha consolidado no por méritos políticos, sino por un hábil manejo del clientelismo y negocios a través de prestanombres, favoreciendo a unos pocos y alejando de la política a los verdaderos intereses del pueblo. 

Lenin no tiene propuestas innovadoras, ni siquiera un proyecto claro para su comunidad, pero mantiene el control de las instituciones a través de la alianza con el PRI y, más recientemente con el PVEM.

 El ascenso de Lenin Pérez a lo largo de su carrera, pasando del PAN a Morena y luego al PVEM, muestra una capacidad de adaptación que no tiene que ver con un compromiso ideológico, sino con la supervivencia de su partido, que ha ido de un lado a otro sin ofrecer nada realmente sustancial.

 Lenin Pérez es un “político” que se alinea con quien sea necesario para seguir gozando de las prerrogativas que le ofrece el sistema electoral de Coahuila. En un contexto donde las alianzas políticas son fundamentales, Lenin no tiene ningún reparo en vender su alma política por un cargo, una posición o una reelección.

 La UDC se ha mantenido a flote no gracias a su ideología, sino a su habilidad para negociar en los pasillos del poder. El partido, que se presenta como «independiente», ha sido en realidad un satélite del PRI en Acuña.

A lo largo de los años, se ha consolidado como una opción que ofrece “oposición moderada” pero que, al final, siempre termina buscando acuerdos con el PRI para mantener el poder y sus beneficios. La pregunta es: ¿qué ha aportado realmente la UDC a la política de Coahuila más allá de sus intereses familiares y sus alianzas convenientes?

 El último intento de Lenin Pérez por alcanzar la gubernatura de Coahuila es una fantasía. Sabe que no tiene ninguna posibilidad real de llegar a la cima, pero su objetivo siempre ha sido otro: obtener una diputación, o al menos una posición de poder que le permita seguir alimentando su red de favores y mantener su clientelismo político. 

Esta ambición de poder a cualquier costo no es nada nuevo, la historia de Lenin y su partido está marcada por la manipulación y el pragmatismo, no por un interés genuino en mejorar las condiciones de vida de su gente.

 La oferta política del UDC es clara: seguir haciendo el mismo negocio de siempre. Sin ideas frescas, sin propuestas concretas, el partido de Lenin Pérez continuará sobreviviendo gracias al manejo de la política como una mercancía, donde la lealtad y la ideología se compran y se venden al mejor postor. 

¿Es esto lo que Coahuila necesita? La respuesta, lamentablemente, parece estar más en manos de quienes todavía creen que el pragmatismo de Lenin Pérez es la solución, en lugar de mirar más allá y exigir políticas que beneficien a la mayoría.

 La política en Coahuila sigue siendo un terreno fértil para los intereses personales, los negocios familiares y las alianzas convenientes. 

Mientras los políticos como Lenin Pérez sigan jugando a este juego, el estado seguirá siendo un lugar donde la política real, esa que busca transformar y mejorar la vida de las personas, está ausente.