Jorge Arturo Estrada García.
“Pueblos libres, recordad esta máxima: Podemos adquirir la libertad,
pero nunca se recupera una vez que se pierde.”
Jean Jacques Rousseau.
“De dos peligros debe cuidarse el hombre nuevo: De la derecha
cuando es diestra, de la izquierda cuando es siniestra.”
Mario Benedetti.
La esperanza ya no existe. El país está roto. La corrupción devora a México. La Cuarta Transformación es, ya, un tumor que daña. Y que, rápidamente, se expande invasivo. A la Esperanza de México, la convirtieron en ponzoña que lo envenena todo. Tienen prisa, trabajan intensamente por establecer un régimen autocrático. Mientras, sus fracturas internas crecen; y las amenazas, y advertencias de Donald Trump, acechan. Son tiempos turbulentos. Las oportunidades de desarrollo se cancelaron, la calidad de vida también se desvanece.

Es evidente, que el proyecto obradorista ya se quedó sin virtudes. Y está agobiado por sus fracasos. Su líder está inmerso en el pantano de la corrupción que brota cada día, en cada rincón del país. En el Palacio Nacional las palabras suenan huecas. Sin magia. Sin credibilidad. A la Cuarta Transformación, ya solamente le queda el dinero público para repartir. Y ya va quedando poco.
El legado es tóxico, más pobreza, más informalidad, la inversión extranjera directa detenida, el nearshoring no existió y fue un espejismo. El sistema de salud fue destruido, 40 millones de mexicanos se quedaron sin acceso. Las obras faraónicas son carísimas de mantener y pésimas en sus operaciones. Somos el país de los 130 mil desaparecidos y los cientos de miles de muertos.
Además, la inseguridad se mantiene. Somos uno de los países más inseguros. También uno de los más corruptos y poco democráticos. Adicionalmente, las organizaciones de la sociedad civil son combatidas, se les cierran los accesos al financiamiento, no quieren informaciones de los rezagos en calidad de vida y desarrollo humano. Somos uno de los países más violentos del mundo, Trump nos llama narco estado. Con territorios perdidos ante los delincuentes.
La estrategia de gobernar con base en saliva y dinero se vuelve cada día más difícil. Cada mañana se exponen decenas de estadísticas maquilladas, en medio de un país envuelto en la crueldad y la miseria. Se trata de sostener la demagogia triunfalista. El fracaso es enorme, somos un país de familias rotas y de tumbas clandestinas. Un país que completa sus gastos con Becas del Bienestar a cambio de votos.
Morena es un partido que se armó con “cartuchos quemados”. Con muchas figuras exprianistas y perredistas con trayectorias cuestionables. El proyecto de Andrés Manuel era sumar aliados que invirtieran mucho dinero en la “causa”. Así los fue recolectado López Obrador a lo largo y ancho del país e incluso del continente. Así construyó su movimiento: millones de pesos a cambio de regreso al poder, acceso a los negocios y presupuestos gubernamentales e impunidad. El tabasqueño, ya sentado en la Silla del Águila, repartió los cargos bajo la premisa de 90 por ciento, lealtad; y 10 por ciento, eficiencia. Los resultados son evidentes.
Durante más de 40 años, los mexicanos fuimos construyendo, un sistema democrático que permitiera la alternancia en el poder a todos los niveles. La sólida Dictablanda, la Dictadura Perfecta, se fue desintegrando. Finalmente, Morena la demolió a mazazos al margen de la ley, ante la debilidad de los partidos opositores y la pasividad de los ciudadanos. Siguieron el librito de las dictaduras: primero, toman el poder, inician los derroches en medio de la euforia de la victoria. Punto 2. Logran generar una imagen de bienestar. Luego, punto 3, Llega el choque de realidad y se agotan los recursos. En el punto 4, Emergen los fracasos y se activan los aparatos de represión. En el punto 5 se intenta establecer una dictadura para sostener el poder. Sin embargo, la realidad los desnuda. El pantano es enorme y ya cubre a la mayoría de las figuras de Morena.
México se encuentra atrapado en un choque, desigual, de fuerzas que presionan desde dentro y desde fuera. Las intervenciones constantes del expresidente Andrés Manuel López Obrador, las presiones del presidente estadounidense, Donald Trump, y la necesidad estratégica de mantener el tratado comercial, T-MEC, colocan al gobierno mexicano ante una encrucijada política de alto riesgo. La estabilidad económica del país depende, en buena medida, de su relación con Estados Unidos, destino de más del 80% de las exportaciones mexicanas. Las cosas vienen difíciles. Veremos.





























