Una mujer a la ONU

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Fernando Rangel de León.

Entre los candidatos a ocupar la Secretaría General de la Organización de las Naciones Unidas ONU, en las elecciones de fines de este octubre, destacan Rebeca Grynspan,  Rafael Grossi, María Fernanda Espinosa, Ivonne Baki, Carolyn Rodrígues-Birkett, Olara Otunnu y Lana Zaki Nusseibeh; cuyo triunfador ocupará el cargo de António Guterres, que concluirá el próximo  31 de diciembre de 2026, por 5 años que concluirán en 2032.

Es muy importante que por primera vez en los 81 años que este 24 de octubre de 2026, está cumpliendo la ONU, ocupe su Secretaría General una mujer; pues hasta ahorita las mujeres que están ocupando un puesto público han demostrado ser muy buenas conciliadoras, administradoras y gobernantes; sobre todo ahorita en que la ONU no está cumpliendo con los objetivos para los que fue creada  el 24 de octubre de 1945, en San Francisco, California, para asegurar la paz, la seguridad, la amistad, el mejoramiento del nivel de vida, el progreso social y los derechos humanos; al terminar la Segunda Guerra Mundial 1939-1945, por 51 países, entre ellos México; y principalmente para que ya no se vuelva a repetir una conflagración como esa.

Nuestro país siempre se ha destacado como uno de los países más defensores de los valores universales que enarbola y promueve la ONU, como lo demostró el ex Rector de la  UNAM y ex Secretario de Relaciones Exteriores, doctor Juan Ramón de la Fuente, representante de México en la ONU,  el 17 de junio de 2020, al conseguir que la Asamblea General, máximo órgano de esa organización, eligiera a México para ocupar uno de los puestos no permanentes pertenecientes a América Latina, para el 2021-2022, en el Consejo de Seguridad, que es el órgano ejecutivo de los acuerdos de la Asamblea General; y lo está demostrando al actual canciller Roberto Velasco Álvarez .

Desafortunadamente la ONU se ve imposibilitada de imponer sanciones por el derecho de veto que tienen China, Estados Unidos, Francia, Rusia y el Reino Unido, que son los miembros permanentes del Consejo de Seguridad, que al oponerse uno solo a una resolución de la Asamblea General, que no les conviene, no se hacen efectivas.

Por eso es que la ONU, no ha funcionado como debiera, sobre todo  en los últimos conflictos internacionales entre Rusia y Ucrania, Israel y Palestina, y otros; viéndose a los ojos del mundo como “la carabina de Ambrosio”; pues no ha hecho nada efectivo para llevar la paz a esos conflictos.

Tuvo que ser Donald Trump, quien prácticamente haciendo las veces de la ONU, está imponiendo su voluntad para que haya paz en esos países beligerantes, desde luego que a su conveniencia; lo cual no favorece al mundo porque éste presidente estadounidense cobra muy caros sus servicios: erigiéndose en “juez y parte” y ser “el policía del mundo” o el “rey”  para meterse en los asuntos internos de las naciones  prejuzgando que son terroristas y narcotraficantes, castigándolos y matándolos.

Ojalá que sea una mujer la que quede al frente para que promueva la reforma a la Carta de San Francisco, que es el acta constitutiva de la ONU, para que el derecho de veto lo ejerzan por lo menos tres de los cinco países miembros permanentes de su Consejo de Seguridad: EEUU, Rusia, Reino Unido, Francia y China; porque el mejor homenaje por estos 81 años es democratizar la ONU, para que imparta justicia pronta e imparcialmente e imponga sanciones conforme a derecho.