Rufino Rodríguez Garza.
Conozco a Pina desde los años 90 del siglo pasado, entrar a la zona arqueológica del Pelillal es pasar por el ejido y pasar a saludar a la comadre Pina, su nombre completo es Josefina Mata del ejido Las Esperanzas, casada con el amigo Octaviano y madre de seis hijos, cuatro mujeres y dos hombres, muchos nietos y gente muy amigable.
Me ha tocado en suerte colaborar en los 15 años de sus hijas o en las bodas tomando las fotos respectivas; de allí el que mi esposa y yo seamos compadres.

Tenía meses de no llegar al Pelillal por estar re-explorando otros lugares cercanos como son Las Norias, así como sus principales lomeríos y cañones.
Esta vez en mi salida número 41 del presente año que se va, decidí regresar al Pelillal para llevar a los buenos camaradas J.A. Ramírez Díaz y al “chamán” Pablo Cadena a visitar un sitio icónico como lo es La Falsa.
Este cañón se convierte en un canal (en mal estado) que lleva el agua a la Presa Pantalones; de este importante sitio se puede acceder a dos lugares con vestigios arqueológicos, hablamos del Cañón de San José y el Cañón de Puerta Grande, sitios estos dos de grandes representaciones rupestres.
Para llegar a La Falsa es partir al oriente del Pelillal y después torcer hacia el norte, el camino está en desuso, por meses no se ha usado por lo que el acceso es difícil, camino borroso con bancos de arena, zanjas, hoyos, etc. y pues es difícil acceder para un carro chico, sólo para camionetas con buen temperamento les es permitido pasar estas dificultades y poder acercarse.
Hace años un vecino del ejido levantó una majada en la orilla oriente de la boca del cañón, hizo corrales y bebederos y también el camino está totalmente abandonado.
Nos acercamos al cañón y en sus proximidades tenemos que caminar unos 150 metros para acceder al importante sitio que nos deleita no sólo con grandes grabados, sino también unas pinturas en rojo donde en la parte inferior derecha se observa algo que asemeja una planta (fitomorfa le llaman los arqueólogos).
Colaboró para obtener ramas un chaparro prieto, no sacó del apuro y ayudó a juntar leña suficiente para el fuego de la cena y el resto para el desayuno.
Los pronósticos anunciaban lluvia y bajas temperaturas y aun así nos arriesgamos, llegamos al lugar del campamento y una cosa que hacemos en automático es buscar lugares planos y piedras para proteger el fuego y recoger leña seca cerca de un arroyo, todo marchaba bien hasta que empezaron las primeras gotas levanté mi tienda catre y la cubrí con una lona lo que evitó que me tuviera que mojar; la lluvia fue persistente ya que duró toda la noche, paró de llover como a las ocho de la mañana, preparamos el desayuno ayudados con una estufa de gas butano; los infaltables tamalitos y el rico café con aroma rupestre que solo aquí se puede deleitar dándonos la potencia que se necesita para iniciar un nuevo día y una nueva jornada.







































