López Obrador sepulta a la democracia mexicana

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Jorge Arturo Estrada García.

«Somos lo que hacemos, con lo que hicieron de nosotros».
Jean-Paul Sartre.

«La corrupción es la forma contemporánea del despotismo”.
Octavio Paz.

«Nada es tan peligroso como dejar al poder, permanecer por largo tiempo, en un mismo ciudadano. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo».
Simón Bolívar.

El Movimiento tiene dueño. Y, él, ahora, quiere que ya le escrituren al país. Para hacerlo, Andrés Manuel, ya alista la reforma electoral que le aseguraría varios sexenios en el Palacio Nacional para el morenismo. Incluso, le abriría el ascenso de su hijo Andy o su propia reelección. Desde este momento, la Cuarta Transformación pretende volverse inmune al voto. Así, solamente los planes de López Obrador podrán transformarse en poder presidencial, en México.

Sistemáticamente, el tabasqueño envía mensajes a sus subordinados. Él exige fidelidad, lealtad y ya ha otorgado amplias recompensas. Algunos, de los que más invirtieron en el proyecto del Rey del Cash, ya lograron mucho poder y mucho dinero. En la actualidad, impera el cinismo y la soberbia, en muchos de ellos. 

Andrés Manuel ya ganó todas las batallas, importantes, por el poder.  Sin embargo, el costo fue alto. Él, su familia, y muchos de sus compañeros de proyecto ya fueron manchados, y la corrupción ya tizna su plumaje. Los guindas destacados, resultaron iguales a sus antecesores, prianistas, en el pantano político nacional. Ya son miembros relevantes de una clase política que apesta, tal vez siempre lo fueron. Muchos allí iniciaron sus carreras y aprendieron mucho.

Es evidente que Andrés Manuel sabía que eso pasaría. El dinero mueve más que mil ideas; eso, él lo conoce a la perfección. Su lista de corcholatas compitió con fiereza en la precampaña. En ese proceso, todos se acusaron de todo, incluida a la actual presidenta, Claudia Sheinbaum. Ahora, con sus cargos y negocios de primer nivel, son protagonistas de escándalos y se sienten intocables. Fidelidad, lealtad y amplias recompensas, se esperan en el morenismo. De igual forma, esos premios deben ser casi ilimitados, parecen pensar algunos de los que más invirtieron en el proyecto obradorista.

Sin embargo, tan cerca de completar uno de los episodios más importantes de la vida política mexicana, López Obrador, está más cerca que nunca de ser arrollado por un adversario muy superior. En la actualidad. Cada día, la clase política nacional se cimbra. El Factor Trump irrumpe con fuerza, los errores y pecados morenistas dejaron flancos por los que el mandatario estadounidense los sacude con cada vez con mayor frecuencia. La corrupción y las alianzas inconfesables con miembros de la DO, han sido documentados y aprovechados por Trump para aumentar sus exigencias personales.

A estas alturas del intervencionismo trompista, el “masiosare” es la principal respuesta de Palacio Nacional, hacia los desplantes del inquilino de la Casa Blanca. El presidente ya dijo públicamente: “En México hacen lo que les decimos”.  

Las acciones a cada lado del Río Bravo, no cesan. México está estancado en lo económico, derrotado en lo político, pasmado en lo social y aplastado en lo internacional. El tabasqueño avanza diligentemente con su Plan C. Él nunca se detiene y sistemáticamente dobla la apuesta. Confía en que sus amuletos lo salvarán de ser extraditado, y de terminar en una corte estadounidense involucrado en un juicio penal.

El movimiento, tiene muchos beneficiarios, pero solamente un dueño. Sin duda, presenciamos, uno de los momentos más interesantes de la historia nacional. Un caudillo sepulta a la democracia mexicana aplastando a cualquier oposición. Simultáneamente, se acerca el momento en que deberá enfrentar al proyecto trumpista de lucirse a costa de los problemas de México. El neoyorkino ya abrió la Caja de Pandora y no sabemos hasta donde llegará. A estas alturas, de sus investigaciones penales, Trump ya tiene enormes expedientes acerca de los pecados de nuestra clase política. La suerte está echada. Veremos.