Jorge Arturo Estrada García.
“El bienestar del pueblo siempre ha sido la excusa de los tiranos”.
Albert Camus.
El poder no es un medio, Winston. No se establece una dictadura para salvaguardar una revolución; se hace la revolución para establecer una dictadura. […] El objetivo del poder es el poder.
George Orwell.
México está en jaque. Le toca a Donald Trump mover sus piezas, siempre más poderosas, con ventaja. La tormenta avanza, va en camino en convertirse en huracán. El plazo dictado, desde la Casa Blanca, se agota. La impunidad y la soberbia son la marca de la casa en México. Sin embargo, el T-MEC es indispensable para que México se mantenga viable. Ya somos, otra vez, un país sin petróleo, gravemente endeudado, que no se desarrolla, no crecemos. Además, está agobiado por la inseguridad y la delincuencia, con decenas de miles de asesinatos y desapariciones.
El tejido social está roto. El país está polarizado. Cada día es más difícil sostener la demagogia. Los problemas se agolpan y los recursos no alcanzan. La cuarta Transformación ya no tiene calidad moral, para acusar al viejo prianismo. Tal vez nunca la tuvo. Son iguales y son los mismos.

Al otro lado de la frontera, Donald Trump, llega fortalecido con sus acciones en medio oriente. Sus contenciones con China y con Rusia y el reconocimiento europeo de sus propias debilidades. Al interior de Estados Unidos, el inquilino de la Casa Blanca mantiene el forcejeo con sus opositores del Partido Demócrata. En el caso de su combate del terrorismo, contra cárteles venezolanos y mexicanos, ya desplegó una flota en el Mar Caribe ante las costas de Maduro. En nuestra frontera sus militares patrullan la línea divisoria con mayor intensidad.
En México, el Estado de Derecho y la democracia fueron destruidas, al expresidente Andrés Manuel López Obrador siempre le molestaron. Le estorbaban para sus planes autoritarios. Ahora, vemos que estas acciones impidieron que el nearshoring prosperara con fuerza en el país. Así, la inversión productiva extranjera y nacional será desincentivada.
En siete años los contextos, mexicanos, mutaron rápidamente. Las figuras de Morena ya están más manchadas que cuando llegaron al poder. Las rutas del dinero y el saqueo conducen a Tabasco. En el mundo, México es señalado como un narcoestado. Y, como un país de pobres gobernado por un grupo de políticos millonarios. Tenemos una nueva clase gobernante que acumula fortunas al amparo de la Cuarta Transformación. El pantano no solamente los mancha, los cubre.
El TLC la salvación de México. El destino regresa con ironías, los izquierdistas, que se opusieron al Tratado de Libre Comercio con Carlos Salinas de Gortari, ahora lo buscan desesperadamente para salvar a su régimen y la economía del país. Esos políticos de izquierda se salieron del PRI en protesta del cambio de rumbo al libre mercado, abandonando la antigua visión de base socialdemócrata a la mexicana, que los malos gobiernos terminaron por arruinar, durante décadas, con sus gestiones fracasadas en lo económico, lo político y lo social.
El gobierno de la llamada Cuarta Transformación enfrenta su espejo más cruel: la realidad. La retórica se ha desgastado. La demagogia ya no alcanza. Los problemas se agolpan. Los miles de millones de “guardaditos prianistas” se agotaron, se dilapidaron. Los programas sociales se comen todo. Los vecinos les exigen combatir a la delincuencia y varios morenistas son exhibidos desde la Casa Blanca.
La historia se repite con un giro cruel: somos un país de pobres gobernado por políticos millonarios, que se encamina a una crisis. Pagaremos por los excesos y pecados de los políticos y la apatía de los ciudadanos. Trump dirá la última palabra. Veremos.





























