Jorge Arturo Estrada García.
“El cómplice del crimen de la corrupción es generalmente nuestra propia indiferencia”.
Bess Myerson.
“Nacimos aquí, en donde las masas idolatran a los idiotas
y los convierten en héroes ricos”.
Charles Bukowski.
La tormenta arrecia. Los escándalos persisten. Los fracasos, y los excesos, impactan con fuerza. El país se cimbra. México atraviesa por momentos difíciles, quizás irreversibles en décadas. El vendaval Trump arrecia; él requiere, permanentemente, de éxitos para lucirse ante sus bases. La Casa Blanca agobia al gobierno morenista, tan lento y reacio a comprender su realidad. El Palacio Nacional vive inmerso en la soberbia, pero la demagogia ya no le funciona. Ya sin carisma, y cargado de pecados de corrupción, sólo les quedan, como único argumento, las Becas del Bienestar, en un país con una economía que se derrumba.

Hoy por hoy, somos el rival más débil para enfrentar las renegociaciones del tratado comercial en 2026. Así, el obradorismo es víctima de sus dogmas e incapacidades. Aunque la peor parte la llevaremos los ciudadanos. Los morenistas ya son millonarios y presumen como nuevos ricos. La Cuarta Transformación es un régimen que se autodefine de izquierda, pero que lucha por mantener vigente el modelo neoliberal del T-MEC. Los inversionistas y la Casa Blanca demandan confianza, pero, ésta ya la dinamitaron al desmantelar el Estado de Derecho.
La realidad económica es brutal, y no cede ante la demagogia de la Cuarta Transformación. México registrará en 2025 el menor crecimiento económico de Latinoamérica, con una expansión prevista de apenas 0.4%. El PIB, registró un virtual estancamiento en el primer trimestre de 2025, creciendo apenas 0.2%, impulsado sólo por el sector primario. Mientras, los motores principales, la industria y los servicios mostraron una contracción.
Esta vulnerabilidad es explotada por el «Factor Trump». La economía mexicana depende de forma crítica del tratado comercial, ya que más del 75% de las exportaciones se dirigen al mercado estadounidense. Las recientes políticas arancelarias de Estados Unidos y el endurecimiento de las reglas de origen del T-MEC han elevado los costos de exportación para productos clave, afectando la competitividad y relegando las inversiones. Trump busca, abiertamente, la relocalización de las plantas de manufactura de primer nivel, a suelo norteamericano, a costa de Canadá y México.
En lo interno, la herencia de AMLO es tóxica. El autoritarismo se impone, y la democracia ha sido destruida desde los cimientos. La super-mayoría obtenida, mediante maniobras y traiciones, por el partido en el gobierno, ha eliminado organismos independientes como el INAI y el IFT, desmantelando los contrapesos y la transparencia. La ley se ha convertido en una herramienta de control, dejando tras de sí un vacío institucional que inhibe cualquier atisbo de crecimiento sostenido. El derecho al amparo ha sido debilitado.
De igual forma, un golpe de gracia institucional es la Reforma Judicial, que es un experimento autoritario para elegir jueces. Este proceso está diseñado, con perversidad, para que los ganadores sean afines al nuevo Régimen, politiza al Poder Judicial y le quitará los dientes para detener los abusos del poder. El riesgo es doble: se desmantela al Estado de Derecho para los mexicanos, y se debilitan las opciones enmarcadas en el T-MEC para proteger a los inversionistas extranjeros.
Por otra parte, en el frente social, las cifras oficiales del INEGI celebran una disminución de la pobreza (al 29.6% en 2024), pero el economista Julio Boltvinik afirma que estas estadísticas son «más falsas que una moneda de 2 pesos 50 centavos» debido a la manipulación metodológica.
Los reportes del INEGI indican que hay 46 millones de personas con un ingreso inferior a la línea de pobreza (fijada en 4,718 pesos en zona urbana), pero sólo reportan 38.5 millones de pobres en situación de pobreza. Esta «reducción» se sustenta en el aumento del 101.9% en los beneficios provenientes de programas gubernamentales, un modelo que, según Milton Friedman, es eficaz en el corto plazo, pero debilita los incentivos para el trabajo.
Mientras se reparten dádivas, las carencias sociales se disparan. Lo más grave es la crisis de salud: 24.4 millones de mexicanos han dejado de tener acceso a servicios de salud entre 2018 y 2024, obligando a las familias a aumentar su «gasto de bolsillo». Simultáneamente, el país arrastra el cáncer estructural de la informalidad laboral, con una tasa del 54.6% en 2024. El crecimiento del empleo se da fundamentalmente en la informalidad. Es claramente, un deterioro en la calidad, con la pérdida de 285 mil puestos de trabajo formales en el segundo trimestre de 2025.
Entonces, esta fragilidad social se entrelaza con una situación fiscal insostenible. El expresidente, López Obrador, dejó un déficit que se disparó al 5.7% del PIB en 2024, el mayor del siglo. Los programas sociales se han convertido en la «camisa de fuerza» de las finanzas públicas, volviendo casi inevitable una reforma fiscal. La deuda externa y la promesa de consolidación fiscal ya se han apartado de la realidad, poniendo en riesgo la estabilidad. Encaminando al país hacia una crisis de grandes dimensiones.
En la actualidad, grandes cantidades de recursos son dilapidados en las obras que son lastres al borde de la quiebra. La “obras insignia” como el Tren Maya, el AIFA y Mexicana de Aviación, ya generaron pérdidas operativas por más de 5 mil 612 millones de pesos en su primer año, son enormes Elefantes Blancos.
De igual forma, Pemex, reportó una pérdida neta de 61.2 mil millones de pesos en el tercer trimestre de 2025, sosteniéndose, precariamente, mediante transferencias y subsidios constantes del gobierno federal.
En la actualidad, la Inversión Extranjera Directa (IED) es una ilusión que no se consolida. Ya que, aunque se registró un récord preliminar en el primer trimestre de 2025 ($21.4 mil millones de dólares), este flujo se sustentó casi en un 78% en la reinversión de utilidades. Mientras, la inversión local —pública y privada— se desploma. El 71% de los expertos encuestados por el Banxico consideró que era un mal momento para invertir en el país.
De esta forma, a la crisis, económica y fiscal, se suma la marca indeleble del «Narco estado». Al mismo tiempo, el gobierno de Estados Unidos negocia con líderes de cárteles encarcelados en su territorio, para obtener información que involucra a políticos y hombres de negocios mexicanos. Esta presión externa, conocida como la «Lista de Marco Rubio», pone en jaque al morenismo y le da a Trump un arsenal de coacción inmenso de cara a las negociaciones comerciales de 2026.
Es evidente, también, que el futuro se ve afectado por la calamidad educativa del país. México, se ubica como el tercer peor país de la OCDE en Matemáticas y Comprensión Lectora, y el peor en Ciencia según la prueba PISA 2022. Con estos resultados, es imposible en el corto plazo avanzar a la «mentefactura». En busca de empleos de mayor calidad. Adicionalmente, el Índice de Desarrollo Humano (IDH) también refleja el rezago, ubicando a México en el puesto 77, del mundo, en 2023.
Mientras tanto, en lo interno, el autoritarismo del tabasqueño sigue activo. El Maximato intenta consolidarse, pues el expresidente López Obrador no descansa y aprovecha las oportunidades para fortalecer sus proyectos sucesorios. El tabasqueño sigue activo respaldando a sus excolaboradores envueltos en escándalos de corrupción.
Así, el factor López Obrador lastra a la presidenta Sheinbaum, quien ha quedado acotada. Aunque, encabezando a un gobierno que se consolida con un partido hegemónico y sin contrapesos.
Entonces, México, con una economía dependiente y un Estado de Derecho casi inexistente, es el rival más débil. Se encamina a la renegociación del T-MEC en una posición de extrema vulnerabilidad. El país no tiene con qué responder a las amenazas arancelarias y a las exigencias de Trump de remodelar el tratado a su gusto y llevarse las plantas automotrices. Ya se registran varios cierres de enormes dimensiones.
De esta forma, el país vive una tormenta perfecta: crisis institucional, colapso económico en cámara lenta, inseguridad imparable y presión estadounidense. México no se desmorona con estrépito; se hunde en silencio. La tragedia final es que una gran parte de la sociedad, que alguna vez luchó por la democracia, hoy sólo observa inmersa en la apatía, la resignación o la gratitud. Mientras, el destino económico y político del país se define en Washington. Son tiempos interesantes. Veremos.





























