Más allá de los discursos sobre organización y unidad, la reunión estatal de Morena realizada en Ramos Arizpe, dejó una lectura política: hay divisionismo en los grupos más influyentes del movimiento oficialista en Coahuila.

No pasó desapercibida la inasistencia de la senadora Cecilia Guadiana y el diputado local Alberto Hurtado, así como del grupo político identificado con el senador Luis Fernando Salazar y la regidora saltillense Alejandra Salazar. En un momento en que Morena mueve sus piezas para la próxima contienda electoral, resulta difícil creer que se trate solo de problemas de agenda.
La realidad es que cuando los liderazgos más fuertes de un partido deciden no acudir a una reunión donde se discuten definiciones políticas, el mensaje es evidente. Las ausencias reflejan una disputa interna.
A ello se sumó la presencia de Alfonso Cepeda Salas, dirigente nacional del SNTE y senador de la República, cuya intensa participación en la política coahuilense ha generado críticas relacionadas con millonarias inversiones y grandes beneficios de las empresas médicas a nombre de sus familiares directos.
Otro tema que generó conversación entre los militantes fue el protagonismo político de la exdiputada local y actual regidora ramosarizpense, Lizbeth Ogazón Nava, y de su esposo, el exregidor Ariel Maldonado Leza. Según los morenistas, ambos impulsaron que la reunión se realizara en Ramos Arizpe, decisión que no fue compartida por todos los militantes.

Más allá de la sede del encuentro, persiste un asunto que continúa sin una explicación satisfactoria. Militantes volvieron a poner sobre la mesa el asunto de un adeudo de renta de un inmueble que fue arrendado desde el año pasado, para funcionar como oficina de gestoría de la regidora Lizbeth Ogazón, pero que nunca fue utilizado.
El local pertenece a la empresaria Silvia Vázquez Saucedo, quien espera el pago de la renta, pero hasta ahora, ni Ariel Maldonado ni Lizbeth Ogazón han aclarado la situación, ni se ha pagado la renta. Y ese es el problema. Morena ha construido su discurso político sobre la honestidad, la transparencia y el combate a los privilegios, cuestiones ausentes en su praxis política y de gobierno. Por ello, cualquier señalamiento relacionado con adeudos, compromisos incumplidos u oscuro manejo de recursos adquiere una dimensión mayor cuando involucra a figuras que representan al partido.
Estos representantes morenistas creen que la política es solamente organizar reuniones y movilizar a los pensionados para que voten. También es rendir cuentas y responder a los cuestionamientos legítimos de la ciudadanía.
Las ausencias de las principales corrientes en la reunión en Ramos Arizpe, revelan la división interna en Morena, mientras que los cuestionamientos sobre algunos de sus representantes recuerdan que la credibilidad no se construye con discursos o poses, sino con transparencia y congruencia, y más aún cuando hay historias del pasado.



























