Las Grutas de Longmen: donde 100,000 Budas duermen tallados en la roca desde hace 1,500 años

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Imagina un acantilado de piedra caliza que se extiende un kilómetro a orillas de un río tranquilo, y en sus paredes, decenas de miles de figuras divinas emergiendo de la roca como si siempre hubieran estado ahí. Eso es Longmen, y no es un cuento: es uno de los tesoros más asombrosos que ha dejado la civilización humana.

Su nombre lo dice todo: Longmen significa «Puerta del Dragón», y se debe a la imagen que sugiere el río Yi al estrecharse en una garganta entre las montañas, como si se cruzara el umbral de otro mundo.

La construcción de las grutas comenzó alrededor del año 493, cuando el emperador Xiaowen de la dinastía Wei del Norte trasladó la capital a Luoyang, y continuó de forma ininterrumpida durante 400 años hasta la dinastía Song del Norte. Cuatro siglos de manos humanas, pico en mano, dándole forma a la fe.

El resultado es difícil de procesar: más de 2,100 nichos, más de 100,000 estatuas, unas 40 pagodas y 3,600 tabletas y estelas distribuidas a lo largo de las cuevas de Guyang, Binyang y Lianhua. Las hay desde miniaturas de apenas dos centímetros hasta colosos de más de 17 metros de altura.