Hay nombres que pesan en la política y nombres que, además, cargan con la responsabilidad de demostrar con hechos por qué ocupan un cargo público. En La Laguna, dos alcaldes llevan el mismo nombre: Miguel Ángel Ramírez López, presidente municipal de Matamoros, y Miguel Ángel Riquelme Solís, alcalde de Torreón.

Y aunque gobiernan municipios distintos, un reciente informe sobre el desempeño de sus cabildos coloca sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿Qué tan comprometidos están los gobiernos municipales con el trabajo que debe hacerse desde los ayuntamientos?
El Informe Regidor MX Laguna, correspondiente al primer semestre de 2026, revela cifras que difícilmente pueden pasar desapercibidas. En Torreón se celebraron 13 sesiones de Cabildo, mientras que en Matamoros apenas se realizaron 10. Hasta ahí podría parecer una diferencia menor, pero el verdadero problema aparece cuando se revisa el funcionamiento de las comisiones y la participación efectiva de los regidores.
En Torreón, 10 de las 19 comisiones no sesionaron conforme a lo establecido, mientras que en Matamoros la situación fue todavía más preocupante: 18 de las 19 comisiones incumplieron con la obligación de sesionar al menos una vez al mes. Eso no es simplemente una estadística.
Las comisiones son precisamente uno de los espacios donde se deben analizar los problemas, revisar propuestas y preparar los asuntos que posteriormente llegan al Cabildo. Si las comisiones no trabajan, el Cabildo corre el riesgo de convertirse en un órgano que únicamente cumple con reuniones formales, pero que pierde capacidad para discutir a fondo los problemas de la ciudad.
Y ahí aparece otro dato revelador. Torreón registró apenas 12 participaciones efectivas de sus regidores, frente a 72 en el semestre anterior. Matamoros, por su parte, no registró participaciones efectivas en el indicador señalado por el informe. En materia de propuestas, Torreón presentó solamente cuatro iniciativas individuales, muy lejos de las 21 del periodo anterior. En otras palabras: menos participación, menos propuestas y comisiones que no sesionan.
La pregunta inevitable es qué están haciendo los integrantes de los cabildos durante el tiempo en que deberían estar trabajando en los asuntos que afectan directamente a los ciudadanos. Porque ser regidor no significa únicamente levantar la mano durante una sesión. Implica estudiar expedientes, acudir a comisiones, plantear soluciones, fiscalizar, debatir y representar a quienes votaron por ellos.
Y aquí también hay una responsabilidad política de los alcaldes. Miguel Ángel Ramírez López, alcalde de Matamoros, gobierna un municipio donde el informe señala que 18 de las 19 comisiones no cumplieron con la periodicidad establecida. Miguel Ángel Riquelme Solís, quien regresó a la Presidencia Municipal de Torreón en julio de este año para concluir el periodo municipal, recibe ahora una administración en la que el desempeño del Cabildo también presenta señales de alarma.
No se trata de responsabilizar a los alcaldes por cada ausencia o cada omisión de un regidor. Pero sí de recordar que un presidente municipal tiene la obligación política de procurar que el Ayuntamiento funcione, que sus órganos colegiados trabajen y que la ciudadanía pueda conocer qué hacen sus representantes.
El dato más preocupante quizá no sea cuántas sesiones se realizaron, sino cuánto trabajo efectivo se produjo en ellas. Porque un Cabildo puede reunirse 10, 13 o 20 veces y seguir siendo improductivo si sus integrantes no estudian, no proponen y no discuten los asuntos de fondo.
La política municipal no puede reducirse a fotografías, inauguraciones, discursos o publicaciones en redes sociales. El verdadero trabajo de un Ayuntamiento también ocurre en las mesas de comisión, en los dictámenes, en las propuestas y en el debate público.
Por eso, los dos Miguel Ángel tienen frente a sí un reto que va mucho más allá de administrar sus respectivos municipios: recuperar la credibilidad del Cabildo. Los ciudadanos no necesitan regidores que simplemente estén presentes en una fotografía. Necesitan representantes que trabajen.
Y si un informe independiente revela que en algunos casos las comisiones prácticamente dejaron de funcionar, lo menos que pueden hacer los gobiernos municipales es explicar por qué ocurrió, quiénes fueron responsables y qué medidas tomarán para corregirlo. Porque gobernar también significa rendir cuentas.





























