Política aldeana. Los Martínez y la política coahuilense

0
31

La historia reciente del PRI en Coahuila está marcada por la consolidación del poder de un grupo: los cuestionados Moreira. Esta evolución no solo transformó la estructura política del estado, sino que también arrastró consigo a otras corrientes históricas del partido, como la de los Martínez. Pero lo más interesante no es solo cómo perdió terreno político la familia Martínez, sino cómo decidieron adaptarse a los nuevos tiempos para sobrevivir políticamente.

En 2005, cuando Enrique Martínez y Martínez terminó su mandato como gobernador, el PRI apostó por un cambio radical: Humberto Moreira, quien, a través de una gestión ingeniosa, se alzó con la gubernatura sin saber los coahuilenses que con el paso de los años iba a endeudar a nuestro estado con una cifra que resultaría impagable. Nada más 38 mil millones de pesos.

Con este triunfo, lamentablemente los Moreira tomaron el control del PRI estatal y se aseguraron una larga hegemonía política, que se extendió por más de una década con el gobierno de Rubén Moreira (2011-2017). Luego impusieron a Miguel Ángel Riquelme Solís. Lo demás ya lo saben quienes viven en Coahuila.

Este periodo marcó el principio del fin para las aspiraciones de la familia Martínez a la gubernatura, pues los espacios de poder dentro del PRI se fueron cerrando incluso para los Martínez.

Lejos de optar por una confrontación directa con el grupo dominante, Enrique Martínez y Martínez tomó una decisión pragmática: mantenerse dentro del PRI y asegurar su presencia política, aunque fuera de los reflectores. En lugar de buscar una revancha interna, optó por asegurar posiciones federales, como su nombramiento de secretario de Agricultura en el gabinete de Enrique Peña Nieto. 

Esta estrategia de supervivencia le permitió conservar influencia, pero a costa de renunciar a sus aspiraciones políticas. Con el paso de los años, surgieron expectativas de que Enrique Martínez y Morales, hijo del exgobernador, podría ser el relevo generacional para retomar el control político de la familia. Sin embargo, estas aspiraciones no se han concretado. 

Aunque en un principio se pensó que Martínez y Morales podría ser un candidato fuerte dentro del PRI, nunca logró posicionarse como tal. Otros perfiles, más cercanos a los Moreira y al grupo dominante, tomaron ventaja y desplazaron cualquier intento de recuperación por parte de los Martínez.

Hoy, la estructura política del PRI coahuilense ha cambiado por completo. La aparición de Manolo Jiménez Salinas, actual gobernador y parte de una nueva generación política, marca el fin de la era de dominación de los Moreira. Jiménez, con su propia estructura y grupo político, ya logró reconfigurar el panorama estatal, desplazando a los actores tradicionales del PRI, entre ello a los Martínez.

La familia Martínez no ha desaparecido de la escena política, pero su influencia ya no es la de antes, a pesar de que el ex gobernador es bien visto en la sociedad por su buena imagen, pero tras perder el control del PRI estatal en 2005, su presencia en el partido ha sido más institucional que electoral. En círculos políticos, el apellido Martínez o ya no tiene la fuerza suficiente para imponer candidatos o ya no quiere tener la influencia de hace 20 años.

Este declive es una lección clara de cómo las estructuras políticas se reconfiguran, cómo los nuevos grupos de poder se desplazan sin la confrontación directa y cómo, a pesar de los intentos de renovación, algunos apellidos terminan perdiendo el poder, aunque todavía es tiempo para remontar el camino andado.